Si bien es cierto emprender no es nada fácil, en la ciudad de Pasto sobresalen personas que con el paso de los años aprovecharon sus conocimientos para luchar ante las adversidades de la vida.
De aquellos emprendedores que hace más de 10 décadas decidieron apostarle a sus iniciativas y que en su época ayudaron a mejorar la calidad de vida de los habitantes de la capital nariñense quedan muy pocos ejemplos, sin embargo la ciudad de Pasto cuenta con una de las madres de familia y emprendedoras más longevas de la capital nariñense.
Se trata de doña Rosalina Martínez de Gonzáles, quien nació un 14 de abril del año 1926 y en este 2026 a lado de sus 8 hijos, cumplió 100 años de vida.
Esta madre de familia oriunda del departamento de Simacota (Santander) quien junto a su esposo Ramón Gonzáles se encariñó de estas tierras del sur de Colombia, aprovecharon sus habilidades microempresariales para poner al servicio de las familias nariñenses un tradicional almacén de calzado, cuyos zapatos tenían una característica muy especial, la suela era elaborada con llantas usadas de carros.
Estos particulares zapatos que fueron magistralmente cocidos por las manos de doña Rosalina se distribuían únicamente en el almacén ‘La Bota Fuerte’ que en su tiempo estaba ubicado frente a la iglesia de La Merced.
Con el paso de los años, doña Rosalina recuerda que el emprendimiento familiar empezó a quedar rezagado. La expansión de fábricas nacionales de calzado como Croydon y Panan entre otros almacenes hicieron que ‘La Bota Fuerte’ diera un paso atrás.
Resistiendo a las adversidades
Aunque lamenta con nostalgia lo sucedido, recuerda con alegría los bonitos momentos familiares y sociales que en ese entonces doña Rosalina compartió junto a su esposo Ramón e hijos.
De haber continuado, subraya que sería un proyecto muy bonito porque seguirían reutilizando en sus zapatos, las llantas de los automotores. Mientras en su álbum familiar de fotos, observaba con alegría una máquina tejedora, trajo a su mente aquellos instantes en los que con mucha felicidad entregaban sus pedidos para dotar a los trabajadores del municipio de Pasto e integrantes del seminario de la ciudad de Popayán.
Mientras ella y sus hijos mayores ayudaban en la producción del calzado, los menores se dedicaban a la atención del almacén. Cuando el negocio quedó completamente desplazado por las firmas nacionales, doña Rosalina buscó otra manera de ganarse la vida.
Y fue entonces, cuando se dedicó a la venta de calzado de aquellos almacenes que le venían pisando el talón a su emprendimiento. Posteriormente, descubrió las prodigiosas habilidades que tenían sus manos para transformar la lana y por eso se dedicó a darle vida a las fibras de lana de colores.
Al darse cuenta de lo magnifico que transformaba la lana, decidieron comprar una maquina tejedora. Con el paso de los días, empezaron a tejer suéteres y otras prendas de vestir hasta que ese nuevo emprendimiento empezó a dar forma.
Fue tanto el esmero y la acogida que tenía al público por sus prendas elaboradas en lana, que hace aproximadamente 50 años nació el almacén ‘La Puerta del Sol’, un tradicional emprendimiento familiar que, pese a las dificultades económicas nacionales, se resiste a desaparecer.
Esfuerzo y dedicación
Como toda una madre emprendedora, el día en que a su hogar le faltó su esposo afirma que éste fue el emprendimiento en el que nunca dudó para poner en práctica sus capacidades y sacar adelante a 4 de sus 8 hijos que en aquel tiempo más necesitaban de su apoyo y del sustento diario.
A la vez que observa con cariño a quienes hacen parte de su familia, trae a su mente los primeros productos que empezó a tejer; pues jamás olvidará a aquellos escarpines, sacos y pantalones para bebé.
Luego recuerda que implementó la elaboración de sacos escolares, de los cuales manifiesta que a lo largo de su vida ha tejido más de 2.000 vestidos para el Niño Jesús de los municipios de Pasto, Guaitarilla, Ipiales y Consacá.
Muñecos ecológicos
Junto a doña Rosalina también emprende en otra área de los saberes tradicionales su hijo Libardo Antonio Gonzáles Martínez quien desde hace más de 20 años se dedica a la trasformación del papel y de cartón, en múñenos o en los tradicionales años viejos ecológicos, los cuales son muy utilizados para despedir el año.
Este emprendimiento que le deja mucha satisfacción porque contribuye en la reducción de los hechos que contaminan el medio ambiente, recuerda que lo inició en su casa de habitación del suroriente de la ciudad de Pasto.
En cada figura utiliza entre 5 y 7 kilos de papel reciclado, pues entre su principal materia prima está el cartón y papel que se desecha en los hogares.
Libardo Antonio quien nació un 29 de mayo de 1956, asegura que le sobran fuerzas para seguir emprendimiento a lado de su madre y demás seres queridos.




