A RECUPERAR LAS JUNTAS DE ACCIÓN COMUNAL

En las últimas horas, la ciudad de Pasto fue escenario de un ejercicio democrático fundamental, pero, lamentablemente, silencioso: las elecciones de las Juntas de Acción Comunal en los distintos sectores urbanos y rurales. Se trata de un proceso que, aunque muchas veces pasa desapercibido, constituye uno de los pilares más importantes de la participación ciudadana y del fortalecimiento del tejido social. Sin embargo, la baja concurrencia a las urnas deja un sabor agridulce y plantea interrogantes sobre el compromiso colectivo con los liderazgos comunitarios.

Las Juntas de Acción Comunal no son simples estructuras organizativas. Son, en esencia, la voz directa de los barrios, el canal mediante el cual las necesidades más urgentes de la comunidad logran llegar a las instancias del gobierno municipal. En ese sentido, el líder comunal cumple un rol estratégico: es un puente entre la ciudadanía y la administración pública, un gestor que traduce problemáticas cotidianas en proyectos concretos, y un articulador de esfuerzos para mejorar la calidad de vida en cada sector.

Por eso, resulta preocupante que estas elecciones hayan transcurrido con una participación limitada. La apatía ciudadana frente a estos espacios no solo debilita la legitimidad de los líderes elegidos, sino que también empobrece el proceso democrático en su base más cercana. Es precisamente en estos escenarios donde nacen los grandes liderazgos, aquellos que conocen de primera mano las dificultades de su comunidad y que, con esfuerzo y compromiso, logran generar transformaciones reales.

La falta de participación puede explicarse por múltiples factores: desinformación, desinterés o incluso desconfianza en las instituciones. Pero más allá de las causas, lo cierto es que cada voto ausente representa una oportunidad perdida para incidir en el rumbo de los barrios. Fortalecer la cultura de la participación no es una tarea exclusiva de las autoridades; también es un llamado a la ciudadanía para que reconozca el valor de estos espacios y se involucre activamente en ellos.

A esta situación se suma otra preocupación que los propios líderes comunales han venido reiterando: la falta de apoyo por parte de las entidades gubernamentales. Ser líder comunal implica una enorme responsabilidad. Es asumir la vocería de una comunidad, gestionar proyectos, mediar en conflictos y, en muchos casos, trabajar sin los recursos necesarios. A pesar de ello, la mayoría de estos liderazgos se sostienen gracias al compromiso personal y al sentido de pertenencia, más que al respaldo institucional.

Es momento de que las autoridades locales escuchen este llamado. Si bien el discurso sobre la participación ciudadana es frecuente, este debe traducirse en acciones concretas que fortalezcan a quienes hacen posible esa participación. Brindar capacitación, recursos y acompañamiento técnico a las Juntas de Acción Comunal no es un gasto, sino una inversión en gobernabilidad, cohesión social y desarrollo territorial.

Recuperar y dignificar la figura del líder comunal es una tarea urgente. No solo se trata de incentivar la participación en futuras elecciones, sino de reconocer el valor de quienes, desde lo local, construyen ciudadanía todos los días. Pasto necesita comunidades organizadas, líderes comprometidos y una institucionalidad que respalde esos esfuerzos.

Las elecciones recientes deben servir como un llamado de atención. La democracia no se agota en los grandes procesos electorales; también se construye en lo cotidiano, en los barrios, en las decisiones que afectan directamente la vida de las personas. Ignorar estos espacios es debilitar la base misma de la participación. Fortalecerlos, en cambio, es apostar por un futuro más equitativo, incluyente y solidario para toda la ciudad.

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