Por Mauricio Fernando Muñoz Mazuera
Este domingo 26 de abril se llevará a cabo en toda Colombia la elección de dignatarios de las Juntas de Acción Comunal. Se trata de un ejercicio democrático fundamental que nace desde las bases: desde los barrios, desde quienes conocen de primera mano las necesidades, las problemáticas y también las oportunidades de sus comunidades.
En estos comicios pueden ser elegidas personas mayores de 18 años que residan en los sectores y que, más allá de cumplir con ese requisito, cuenten con iniciativa, vocación de servicio y un verdadero compromiso con el bienestar colectivo. Se necesitan líderes que piensen en el desarrollo y el progreso, personas íntegras, sin tacha, capaces de representar dignamente a sus vecinos. No podemos seguir eligiendo a quienes utilizan estos espacios para intereses particulares. No podemos elegir a quienes proclaman, como logro personal, obras financiadas con recursos ajenos, condicionando de manera indebida el voto de la comunidad.
Tampoco a quienes cierran las puertas de los salones comunales a procesos formativos, limitando el crecimiento social y cultural de sus propios barrios. No podemos permitir que lleguen a estos cargos personas conflictivas, que buscan únicamente ostentar un poder momentáneo, sin un propósito real de servicio, “donnadies” que, por tener las llaves de un polideportivo, por ejemplo, se creen intocables.
Ser presidente o presidenta de una Junta de Acción Comunal no es un título para alimentar egos, sino una responsabilidad que exige liderazgo, trabajo constante y sentido comunitario. De igual manera, es necesario rechazar a quienes han convertido la acción comunal en una “carrera política” basada en beneficios personales: hoy en un cargo, mañana en otro, en un ciclo repetitivo que no deja avances reales. Así mismo, no podemos respaldar liderazgos sectarios, aquellos que trabajan solo para unos pocos y excluyen a otros por diferencias personales o intereses particulares. Prácticas como el amiguismo, la manipulación de votos o el uso indebido de libros de afiliados no solo desvirtúan el proceso democrático, sino que condenan a los barrios al estancamiento.
Elegir mal es condenarnos al reproceso, a la falta de avances y a la repetición de los mismos problemas. Por el contrario, este 26 de abril debemos elegir a personas capacitadas, con visión de futuro, con carisma, con entrega y con una trayectoria que respalde su compromiso. Debemos apostar por buenos vecinos, por líderes que ya hayan demostrado, con hechos, su interés por el bienestar colectivo. El llamado es claro: informarnos, participar y decidir con responsabilidad. En estos días previos, es fundamental acercarnos a los salones comunales, conocer cómo se desarrollará el proceso electoral —ya sea por asamblea o por planchas— e identificar a los candidatos. Solo así podremos elegir con criterio y conciencia.
Nuestros barrios no pueden seguir en clave de retroceso. Deben avanzar hacia el desarrollo, hacia el progreso y hacia el beneficio de todos. La decisión está en nuestras manos. El 26 de abril no es un día cualquiera: es la oportunidad de construir comunidad desde la base. Hagámoslo a conciencia, hagámoslo bien.




