La aparición de drones cargados con explosivos en Bogotá encendió una alarma que expertos y autoridades consideran imposible de ignorar. Esta semana fue hallado un dron con material explosivo cerca de CATAM y del aeropuerto El Dorado, en una zona estratégica de la capital. La Policía realizó una detonación controlada y las investigaciones apuntan a estructuras disidentes de las FARC vinculadas a alias “Iván Mordisco”. El hallazgo preocupa porque evidencia que las tácticas usadas en zonas de conflicto como Cauca y Valle del Cauca podrían estar llegando a grandes ciudades. En los últimos meses, grupos armados ilegales han incrementado el uso de drones adaptados para lanzar explosivos contra estaciones de Policía, bases militares y objetivos estratégicos. Analistas de seguridad advierten que Bogotá enfrenta varias señales de deterioro simultáneo: Incremento del uso de explosivos improvisados. Capacidad de grupos armados para operar tecnología aérea. Amenazas a infraestructura crítica y aeropuertos. Expansión de redes criminales nacionales y transnacionales. Mayor presencia de economías ilegales y extorsión urbana. El temor aumenta por los antecedentes históricos de terrorismo en la capital, como los atentados al Club El Nogal, el DAS y el centro comercial Andino, hechos que marcaron a Bogotá y demostraron cómo los grupos armados han mutado sus métodos de ataque con el paso de los años. Además, el fenómeno ya no es aislado. Informes recientes señalan que Colombia ha registrado cientos de ataques con drones bomba en los últimos dos años, especialmente en el suroccidente del país. Las autoridades reconocen que la guerra tecnológica cambió y que el país necesita fortalecer urgentemente sistemas antidrones y capacidades de inteligencia.




