La violencia que golpea al norte de Antioquia volvió a enlutar al periodismo colombiano. El comunicador antioqueño Mateo Pérez Rueda, director de la revista regional El Confidente de Yarumal, fue asesinado mientras realizaba labores de reportería en zona rural del municipio de Briceño, una región marcada por la presencia de grupos armados ilegales y enfrentamientos que han provocado una grave crisis humanitaria.
De acuerdo con la información preliminar entregada por autoridades locales, organizaciones defensoras de la libertad de prensa y medios nacionales, el periodista había viajado hasta la vereda Palmichal para documentar la situación de orden público que viven las comunidades campesinas del sector. Sin embargo, horas después de ingresar al territorio, fue reportado como desaparecido. Posteriormente comenzaron a conocerse versiones sobre su asesinato, aunque hasta el momento las autoridades no han podido recuperar el cuerpo debido a las difíciles condiciones de seguridad en la zona.
Según relató el secretario de Gobierno de Briceño, William Londoño, el periodista se desplazó hacia un sector rural ubicado aproximadamente a 90 minutos del casco urbano, pese a las advertencias de seguridad emitidas por líderes comunitarios y autoridades locales. En esa zona hacen presencia estructuras armadas ilegales, entre ellas disidencias de las antiguas Farc, especialmente el frente 36, señalado por organismos oficiales como uno de los actores que disputan el control territorial en el norte antioqueño.
Las versiones preliminares indican que Mateo Pérez Rueda estaba investigando las afectaciones humanitarias derivadas de los recientes enfrentamientos armados entre grupos ilegales y la Fuerza Pública. Habitantes de la región han denunciado desplazamientos forzados, confinamientos y temor constante por cuenta de los combates que se han intensificado en varias veredas de Briceño y municipios cercanos.
El asesinato del periodista ocurre en un contexto especialmente delicado para Antioquia, donde varias subregiones han registrado un aumento de hechos violentos relacionados con disputas por corredores estratégicos del narcotráfico y economías ilegales.
El cuerpo sigue sin poder ser recuperado
Uno de los aspectos que más preocupa a las autoridades y organizaciones humanitarias es que el cuerpo del periodista aún permanece en la zona donde habría sido asesinado. Las condiciones de orden público impiden el ingreso seguro de organismos judiciales y misiones humanitarias encargadas del levantamiento y recuperación del cadáver.
De acuerdo con los reportes conocidos hasta ahora, entidades como la Defensoría del Pueblo y el Comité Internacional de la Cruz Roja estarían coordinando una misión humanitaria para intentar ingresar al área rural y garantizar tanto la recuperación del cuerpo como la protección de las comunidades que habitan el sector.
La situación refleja el deterioro de la seguridad en varias zonas rurales de Antioquia, donde incluso las autoridades civiles han reconocido limitaciones para ingresar a determinados territorios por la presencia de actores armados.
Rechazo de organizaciones de prensa
La Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) emitió una alerta pública en la que confirmó la información preliminar sobre el asesinato y pidió a las autoridades adelantar investigaciones urgentes para esclarecer lo ocurrido. La organización recordó que Pérez Rueda ejercía labores periodísticas enfocadas en problemáticas sociales y de seguridad en el norte del departamento.
Además de dirigir la revista El Confidente, el comunicador también adelantaba estudios de Ciencia Política en la Universidad Nacional de Colombia, sede Medellín. Colegas y allegados lo describieron como un joven comprometido con visibilizar las problemáticas de las comunidades afectadas por el conflicto armado.
El caso volvió a encender las alarmas sobre los riesgos que enfrentan periodistas regionales en Colombia, especialmente aquellos que cubren temas de orden público, corrupción y violencia armada en territorios apartados.
Antioquia, un territorio marcado por el riesgo para periodistas
El asesinato de Mateo Pérez Rueda revive episodios dolorosos para la prensa colombiana. Antioquia ha sido históricamente uno de los departamentos donde periodistas y líderes sociales han enfrentado amenazas, intimidaciones y homicidios por su trabajo investigativo y de denuncia.
Casos como el de Luis Eduardo Gómez, asesinado en Arboletes en 2011 mientras investigaba temas relacionados con estructuras criminales y parapolítica, son recordados como símbolo del peligro que representa ejercer el periodismo en regiones dominadas por actores armados.
Organizaciones internacionales y defensoras de derechos humanos han insistido durante años en la necesidad de fortalecer las garantías de seguridad para periodistas regionales, especialmente aquellos que trabajan de manera independiente y sin esquemas robustos de protección.
Autoridades investigan el crimen
Hasta el momento no existe un pronunciamiento oficial definitivo sobre los responsables del asesinato. Sin embargo, las primeras hipótesis apuntan a la posible participación de estructuras armadas ilegales que operan en la zona rural de Briceño.
Las autoridades avanzan en labores de verificación mientras organismos judiciales intentan establecer las circunstancias exactas del crimen. Entretanto, el asesinato de Mateo Pérez Rueda se suma a la lista de agresiones contra periodistas en Colombia y vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre las garantías para ejercer la libertad de prensa en territorios atravesados por el conflicto armado.
La situación humanitaria en Briceño continúa siendo crítica y las comunidades rurales permanecen atrapadas entre el miedo, los enfrentamientos y la incertidumbre.




