Cada 5 de mayo, el mundo conmemora el Día Internacional de la Partera, una fecha dedicada a reconocer la invaluable labor de quienes acompañan uno de los procesos más significativos de la humanidad: el nacimiento. En un momento donde la vida comienza a abrirse paso, la presencia de una partera no solo representa asistencia médica, sino también apoyo emocional, conocimiento ancestral y una profunda conexión humana.
Las parteras han existido desde tiempos remotos, mucho antes de la formalización de la medicina moderna. En distintas culturas, han sido consideradas guardianas de la vida, mujeres sabias que, a través de la observación, la experiencia y la transmisión oral, han perfeccionado prácticas que hoy siguen siendo fundamentales. Su rol ha trascendido generaciones, manteniéndose vigente tanto en comunidades rurales como en entornos urbanos, donde su enfoque integral sigue marcando la diferencia.
A diferencia de la atención hospitalaria tradicional, muchas parteras promueven un modelo centrado en la mujer, respetando sus tiempos, decisiones y necesidades. Este enfoque humanizado del parto ha ganado reconocimiento en los últimos años, impulsando un cambio en la forma en que se entiende la salud materna. No se trata solo de reducir riesgos clínicos, sino de garantizar una experiencia digna, informada y acompañada.
Según la Organización Mundial de la Salud, invertir en la formación y el fortalecimiento de la partería podría evitar una gran proporción de muertes maternas y neonatales a nivel global. Esto se debe a que las parteras no solo atienden partos, sino que también brindan seguimiento prenatal, detectan signos de alerta, promueven prácticas seguras y acompañan el posparto, incluyendo la lactancia y la salud emocional de la madre.
En regiones donde el acceso a centros de salud es limitado, su labor se vuelve aún más crucial. Caminando largas distancias, enfrentando condiciones adversas y muchas veces con recursos escasos, las parteras continúan llevando atención a lugares donde otros servicios no llegan. En países como Colombia, especialmente en zonas rurales y comunidades indígenas, su presencia sigue siendo vital para garantizar nacimientos seguros y culturalmente respetuosos.
Sin embargo, a pesar de su impacto, muchas parteras enfrentan una realidad compleja. La falta de reconocimiento institucional, la escasa remuneración y la limitada integración en los sistemas de salud formal son obstáculos persistentes. En algunos casos, sus conocimientos han sido desestimados o reemplazados sin considerar su valor cultural y práctico, lo que ha generado tensiones entre la medicina tradicional y la occidental.
Aun así, en los últimos años ha surgido un movimiento global que busca revalorizar la partería, promoviendo su profesionalización sin perder su esencia. Programas de formación, políticas públicas inclusivas y alianzas entre parteras y profesionales de la salud están abriendo nuevas posibilidades para fortalecer este oficio milenario.
El Día Internacional de la Partera no solo es una oportunidad para agradecer, sino también para reflexionar sobre el tipo de atención que se quiere brindar a las futuras generaciones. Reconocer a las parteras es reconocer que el inicio de la vida merece cuidado, respeto y humanidad.
Porque en cada nacimiento acompañado por una partera, no solo llega un nuevo ser al mundo, sino que también se reafirma una tradición de cuidado que ha sostenido a la humanidad desde sus orígenes.




