El libro 'Economía del Impacto Alimentario' de Karen Lorena Brugés Solórzano y Mónica Colín de Velázquez' se presenta este 4 de mayo en Filbo 2026.
Alimentario: Hacia una Economía Ámbar- “Karen Lorena Brugés Solórzano- Mónica Colín de Velázquez-

La Feria Internacional del Libro será el escenario de la presentación de ‘Economía del Impacto Alimentario: Hacia una Economía Ámbar’, escrito por Karen Lorena Brugés Solórzano y Mónica Colín de Velázquez’.

Este libro se presentará el próximo lunes 4 de mayo, de 3:00 a 4:00 p.m., en el Pabellón 3, Nivel 2, Stand 142.

La sesión contará con la participación de John Akinboyewa, Ricardo Castro y Kristian Tello y ha sido concebida como una conversación que conecta pensamiento, tecnología y territorio para evidenciar una idea central: el sistema alimentario no está fallando, opera bajo una lógica incompleta.

“El sistema alimentario no está fallando, está funcionando exactamente como fue diseñado”, plantea “Karen Lorena Brugés Solórzano”.

“El problema no es que falte comida, es que el sistema no sabe preservar el valor de lo que ya produce”, añade “Mónica Colín de Velázquez”.

La obra detalla que durante décadas, el alimento ha sido reducido a mercancía, algo que se produce, se vende y se descarta

Esta simplificación permitió escalar el sistema global, pero también lo limitó. “El problema no es que el sistema haga mal las cosas, es que está optimizando algo que nunca debió ser el centro”, afirma “Karen Lorena Brugés Solórzano”.

“No es una suma de fallas, es una misma lógica produciendo distintos resultados”, explica “Mónica Colín de Velázquez”.

El punto de quiebre está en la forma de entender el alimento. Durante décadas fue reducido a mercancía, lo que permitió escalar el sistema, pero limitó su comprensión.

“Cuando el alimento se reduce a mercancía, el sistema se organiza para moverlo, no para preservar lo que contiene”, advierte “Karen Lorena Brugés Solórzano”.

“El valor no desaparece, pero deja de ser visible en la toma de decisiones”, señala “Mónica Colín de Velázquez”. El libro introduce entonces una redefinición: el alimento no es un bien ordinario, es una infraestructura de valor que sostiene la vida.

Lo anterior implica reconocer que cada alimento contiene dimensiones que el sistema no logra capturar plenamente: nutricional, económica, social, ambiental y territorial.

“El alimento no es un producto más, es un sistema en sí mismo”, plantea “Karen Lorena Brugés Solórzano”.

“Su valor se expresa en lo que hace posible, no solo en lo que cuesta”, añade “Mónica Colín de Velázquez”.

Desperdicio:

La sesión contará con la participación de John Akinboyewa, Ricardo Castro y Kristian Tello y ha sido concebida como una conversación que conecta pensamiento, tecnología y territorio para evidenciar una idea central: el sistema alimentario no está fallando, opera bajo una lógica incompleta.

“El sistema alimentario no está fallando, está funcionando exactamente como fue diseñado”, plantea “Karen Lorena Brugés Solórzano”.

“El problema no es que falte comida, es que el sistema no sabe preservar el valor de lo que ya produce”, añade “Mónica Colín de Velázquez”. La obra detalla que durante décadas, el alimento ha sido reducido a mercancía, algo que se produce, se vende y se descarta.

Esta simplificación permitió escalar el sistema global, pero también lo limitó. “El problema no es que el sistema haga mal las cosas, es que está optimizando algo que nunca debió ser el centro”, afirma “Karen Lorena Brugés Solórzano”.

“No es una suma de fallas, es una misma lógica produciendo distintos resultados”, explica “Mónica Colín de Velázquez”. El punto de quiebre está en la forma de entender el alimento. Durante décadas fue reducido a mercancía, lo que permitió escalar el sistema, pero limitó su comprensión.

“Cuando el alimento se reduce a mercancía, el sistema se organiza para moverlo, no para preservar lo que contiene”, advierte “Karen Lorena Brugés Solórzano”.

“El valor no desaparece, pero deja de ser visible en la toma de decisiones”, señala “Mónica Colín de Velázquez”.

El libro introduce entonces una redefinición: el alimento no es un bien ordinario, es una infraestructura de valor que sostiene la vida.

Lo anterior implica reconocer que cada alimento contiene dimensiones que el sistema no logra capturar plenamente: nutricional, económica, social, ambiental y territorial.

“El alimento no es un producto más, es un sistema en sí mismo”, plantea “Karen Lorena Brugés Solórzano”. “Su valor se expresa en lo que hace posible, no solo en lo que cuesta”, añade “Mónica Colín de Velázquez”.

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