En medio de montañas cubiertas de neblina, caminos veredales y paisajes que parecen detenidos en el tiempo, una nueva generación de jóvenes está cambiando la forma en que se vive y se entiende el turismo en Pasto y en todo el departamento de Nariño. No se trata únicamente de visitar lugares, sino de redescubrirlos a través de historias, emociones y experiencias que conectan profundamente con la identidad del territorio.
Lejos de las rutas tradicionales y de los destinos más conocidos, estos jóvenes han puesto su mirada en aquellos rincones que, aunque poseen una belleza incomparable, han permanecido durante años en el anonimato. Cascadas escondidas entre la vegetación, miradores naturales con vistas imponentes, caminos ancestrales y pequeñas comunidades cargadas de historia son ahora protagonistas de una nueva narrativa turística impulsada desde la juventud.
Actividades
Uno de los nombres que resuena en este movimiento es el de Alan Camilo Jaramillo, quien ha logrado captar la atención de la comunidad a través de una propuesta innovadora: contar el turismo. A diferencia de las guías convencionales, Jaramillo utiliza cuentos, fábulas y relatos cargados de imaginación para describir los lugares más hermosos de la región. En sus palabras, cada sendero tiene una historia y cada paisaje guarda un secreto que merece ser contado.
Durante sus actividades, no solo se limita a señalar destinos, sino que invita a los participantes a sumergirse en una experiencia sensorial y emocional. Sus narraciones convierten simples recorridos en viajes llenos de significado, donde la naturaleza, la cultura y la tradición dialogan constantemente. Así, quienes participan no solo conocen nuevos lugares, sino que también desarrollan un vínculo más profundo con su entorno.
Territorio
Estas iniciativas juveniles han tomado forma en caminatas ecológicas, encuentros culturales, talleres de narración oral y jornadas comunitarias en las que se comparte el conocimiento del territorio. En cada actividad, los jóvenes resaltan no solo la belleza natural, sino también las tradiciones, la gastronomía y las costumbres que hacen única a la región nariñense.
El impacto de este movimiento comienza a sentirse en diferentes niveles. Por un lado, ha despertado el interés de los propios habitantes de Pasto, quienes están redescubriendo su tierra desde una perspectiva diferente. Muchos de ellos, acostumbrados a ver estos paisajes como parte de su cotidianidad, ahora los valoran como verdaderos patrimonios culturales y naturales. Por otro lado, el turismo rural empieza a consolidarse como una alternativa económica para las comunidades. La llegada de visitantes a estos lugares poco conocidos genera oportunidades para emprendedores locales, desde guías turísticos hasta productores de alimentos y artesanos. De esta manera, el trabajo de los jóvenes no solo promueve el turismo, sino que también impulsa el desarrollo sostenible y fortalece la economía regional.



