Pagos sin fronteras  ¿Por qué Colombia puede convertirse en el nuevo hub financiero digital de la región?

Aunque el 73% de los colombianos usa billeteras digitales, el efectivo sigue dominando. La interoperabilidad aparece como el siguiente paso para una inclusión financiera real.

En un momento en el que el sistema financiero global avanza hacia la interoperabilidad digital, la llegada de la Fundación Interledger al país posiciona a Colombia en el centro de una nueva infraestructura tecnológica para pagos sin fronteras. Con un ecosistema fintech que ha crecido más de 380% entre 2017 y 2023, según la Superintendencia Financiera, y recientes cambios regulatorios que impulsan la modernización de los pagos digitales, el país se perfila como un nodo estratégico para el desarrollo de sistemas financieros más conectados, eficientes e inclusivos.

La propuesta tecnológica detrás de esta transformación es el Protocolo Interledger (ILP), un estándar abierto diseñado para facilitar transferencias de dinero entre diferentes sistemas financieros, de forma similar a como TCP/IP permite el funcionamiento de Internet. A través de esta arquitectura, ILP permite enviar “paquetes de dinero” entre distintos registros contables como bancos, billeteras digitales o plataformas financieras de manera rápida y segura, incluso si estos sistemas no fueron diseñados originalmente para interoperar entre sí.

La versión más reciente del protocolo, ILPv4, simplifica versiones anteriores y está optimizada para enrutar grandes volúmenes de transacciones de bajo valor, lo que permite fragmentar pagos en múltiples paquetes que viajan a través de nodos conectados. Cada paquete contiene información de la transacción que permanece privada para las entidades involucradas, mientras conectores especializados enrutan el dinero a través de la red Interledger, de forma similar a cómo los routers dirigen los datos en Internet o el sistema de correos electrónicos que no se limita por la cuenta en la que tienes tu correo, para conectar a los demás.

En este contexto, Fundación Interledger impulsa el desarrollo y la adopción de esta tecnología a nivel global. Su rol no es crear un nuevo sistema de pagos ni competir con bancos o fintechs, sino actuar como una capa neutral que permita conectar infraestructuras financieras existentes mediante estándares abiertos. Desde la organización destacan que “la interoperabilidad no se trata de reemplazar sistemas, sino de permitir que trabajen juntos”, un enfoque que busca reducir fricciones en los pagos digitales y facilitar la integración entre plataformas, monedas y jurisdicciones.

La experiencia global de la Fundación respalda este modelo. Hasta ahora ha destinado más de USD 21 millones en subvenciones, apoyando 271 proyectos en 42 países, con iniciativas centradas en innovación financiera, inclusión digital y desarrollo de infraestructura abierta para pagos.

El contexto colombiano refuerza la relevancia de este enfoque. Aunque el 73% de los colombianos ya utiliza billeteras digitales, el efectivo aún representa cerca del 70% de las transacciones, según el Índice de Efectivo Forex 2025. Esta paradoja evidencia que, pese a la rápida adopción tecnológica, persisten barreras estructurales de interoperabilidad entre plataformas y sistemas financieros.

A nivel regulatorio, el país también atraviesa un momento clave. En octubre de 2025, el Ministerio de Hacienda expidió el Decreto 1069, que establece un nuevo marco para órdenes de pago y transferencias de bajo valor con el objetivo de fortalecer la interoperabilidad, la eficiencia y la seguridad del sistema financiero. Este marco abre la puerta a que bancos, fintechs y nuevos proveedores operen bajo reglas comunes, favoreciendo la innovación y la competencia sin depender de un sistema dominante.

En este escenario, la interoperabilidad se perfila como el siguiente paso natural en la evolución del ecosistema digital del país. Con un sector fintech en expansión, avances regulatorios recientes y una alta adopción de herramientas digitales, Colombia reúne las condiciones para convertirse en un punto de conexión entre sistemas financieros locales e internacionales.

La llegada de la Fundación Interledger se inserta precisamente en ese punto de inflexión. En una economía digital donde las transacciones atraviesan plataformas, monedas y fronteras, la interoperabilidad deja de ser un concepto técnico para convertirse en una infraestructura clave del crecimiento económico. Para Colombia, esto representa la oportunidad de fortalecer la integración entre sus plataformas de pago, mejorar la eficiencia de las remesas y facilitar la operación de fintechs locales e internacionales.

En el sistema financiero del futuro, la capacidad de conectar redes será tan importante como la capacidad de crear nuevas tecnologías. Y en ese escenario, la interoperabilidad podría convertirse en uno de los pilares que consoliden a Colombia como un hub financiero digital en América Latina.

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