Una creciente preocupación sacude a la comunidad ante el deterioro de uno de sus símbolos naturales más representativos: un antiguo cedro ubicado en el parque Los Libertadores en Duitama , que hoy enfrenta serios riesgos por la falta de mantenimiento, la invasión de elementos externos y posibles daños estructurales. Este imponente árbol, que según versiones locales supera los dos siglos de historia, no solo es un referente ambiental, sino también un punto de encuentro para ciudadanos que diariamente buscan sombra, descanso y un espacio de convivencia.
Sin embargo, su estado actual genera alarma entre habitantes y visitantes. Sus ramas están cubiertas por una densa capa de lo que se conoce como “musgo español” (Tillandsia usneoides), una planta epífita que, aunque no es parásita, puede afectar gravemente su desarrollo. Esta especie tiende a bloquear la luz solar, retener humedad y facilitar la aparición de hongos, factores que debilitan progresivamente la salud del árbol.
A esta situación se suman otros elementos preocupantes: cables amarrados a su tronco, crecimiento de plantas invasoras entre sus ramas y la evidente ausencia de intervenciones técnicas especializadas. Expertos en arborización advierten que estas condiciones pueden comprometer la estabilidad del cedro, limitar su capacidad de fotosíntesis y, en el peor de los escenarios, provocar su muerte progresiva o incluso el desprendimiento de ramas, lo que también representaría un riesgo para quienes frecuentan el lugar.
La situación ha generado cuestionamientos hacia las autoridades ambientales y las entidades encargadas del cuidado del patrimonio natural, como la oficina de planeación municipal. La comunidad se pregunta por qué, pese a la visibilidad del problema, no se han implementado acciones contundentes que permitan recuperar y proteger este símbolo vivo.
Habitantes del sector han manifestado su preocupación e incluso han hecho llamados públicos para que se realice una valoración técnica urgente, acompañada de un plan de intervención que incluya limpieza, poda controlada y retiro de elementos externos que afectan su estructura.
Más allá de una simple denuncia, el llamado es urgente. Este árbol no solo representa historia y naturaleza, sino también identidad y memoria colectiva. Su posible pérdida no sería únicamente un golpe ambiental, sino también cultural, pues desaparecería un testigo silencioso del paso del tiempo en la comunidad.




