BARRIO INVADIDO POR HABITANTES DE CALLE 

Denuncian microtráfico, insalubridad y abandono en zona urbana

Una grave denuncia ciudadana encendió las alarmas en el barrio María Auxiliadora de Duitama, donde residentes aseguran vivir en medio del desorden, la inseguridad y el abandono institucional. Lo que comenzó como una queja por ocupación indebida del espacio público, hoy se convirtió en un problema mayor que involucra insalubridad, presencia de cambuches y presunto microtráfico.

Según Mariano León, presidente de la Junta de Acción Comunal del sector, la comunidad ha tenido que acudir a mecanismos formales como derechos de petición para exigir intervención de las autoridades. Uno de los principales focos de preocupación ha sido la proliferación de depósitos informales de materiales reciclables, conocidos popularmente como “secas”, donde —según denuncian— se realizaba selección de residuos en plena vía pública, afectando la movilidad y generando condiciones sanitarias críticas. Tras las denuncias, la Secretaría de Gobierno y la Policía realizaron operativos que obligaron a trasladar estas actividades al interior de los establecimientos. Sin embargo, aunque hubo una leve mejoría, el problema no ha desaparecido. “Ahora la tarea es verificar si realmente están cumpliendo los acuerdos”, advirtió León, dejando en evidencia la falta de control permanente.

Pero el panorama se agrava con otro factor que mantiene en zozobra a la comunidad: los cambuches instalados en sectores como la carrera 20 con calle 12. Estas estructuras improvisadas, según los habitantes, son utilizadas por consumidores de estupefacientes, generando miedo entre residentes y transeúntes. Aunque se realizaron intervenciones para retirarlos, la situación tiende a repetirse. A esto se suma una denuncia aún más delicada. De acuerdo con versiones recogidas en el sector, grupos de personas —en su mayoría ciudadanos extranjeros— estarían llegando a la zona para comercializar sustancias ilícitas. Si bien no hay un pronunciamiento oficial contundente, líderes comunales aseguran que se han detectado movimientos sospechosos: personas que llegan, venden y se retiran, mientras otros permanecen consumiendo en el lugar.

El impacto es evidente. La comunidad denuncia aumento de la inseguridad, deterioro del entorno y afectaciones a la convivencia. “Aquí no estamos hablando de percepciones, estamos hablando de una realidad que vivimos todos los días”, aseguran los habitantes, quienes insisten en que la problemática ya fue puesta en conocimiento de las autoridades locales.

Pese a algunas acciones institucionales, los residentes consideran que las medidas han sido insuficientes frente a la magnitud del problema. Hoy, el llamado es urgente: mayor presencia policial, controles efectivos y soluciones de fondo que devuelvan la tranquilidad a un sector que, según denuncian, está perdiendo la batalla contra el desorden y la ilegalidad.

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