NUEVO MODELO EN PRODUCCIÓN DE CEMENTO

La transición energética en el sector permite disminuir la huella de carbono a gran escala.

Holcim Colombia anunció que ha consolidado su transición energética y ya opera con energía eléctrica 100 % renovable en varias de sus plantas en el país, marcando un avance significativo en su estrategia de sostenibilidad y reducción de emisiones. Entre las operaciones destacadas se encuentran la planta de cemento ubicada en Nobsa y la planta de concreto de Puente Aranda, que funcionan con energía limpia gracias a Certificados Internacionales de Energía Renovable (I-REC), en alianza con Isagén. A este esfuerzo se sumaron recientemente plantas de concreto en Bello, Tunja, Palmira y Cali sur, que ahora operan con energía adquirida a través de BIA Energy, respaldada por Certificados Nacionales (REC).

Según la compañía, este avance permite evitar la emisión de más de 16.000 toneladas de CO₂ al año, posicionando a Colombia como un referente en la industria de la construcción sostenible. Además, la estrategia se complementa con iniciativas de movilidad sostenible, como la incorporación de cuatro camiones mineros eléctricos en su planta de Nobsa, que generan un ahorro anual de cerca de 90.000 galones de combustibles fósiles. La innovación también se extiende al transporte de materiales, con el uso de camiones mezcladores eléctricos que logran reducir hasta en un 100 % las emisiones de CO₂ frente a vehículos tradicionales. Estas acciones hacen parte de una visión integral que busca disminuir la huella de carbono en toda la cadena de valor.

En paralelo, la compañía ha fortalecido su apuesta por la economía circular mediante el coprocesamiento de residuos. Durante 2025, transformó más de 67.000 toneladas de residuos industriales y biomasa en energía térmica para sus hornos, evitando su disposición en rellenos sanitarios y alcanzando una tasa de sustitución térmica del 31,2 %. Finalmente, Holcim Colombia destacó que su portafolio de productos sostenibles, como las líneas ECOPact y ECOPlanet, permite reducir hasta en un 48 % las emisiones de CO₂ frente a materiales convencionales, aportando a la construcción de ciudades más sostenibles y alineadas con los objetivos globales de carbono neutralidad.

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