El precio del petróleo roza los 120 dólares y marca récord desde junio de 2022

El Ibex cede más de un 7%, su peor balance en cuatro años y medio, en un mes marcado por el cierre del estrecho de Ormuz y la escalada de los precios energéticos La guerra en Oriente Próximo cumple su primer mes sin visos de reapertura del estrecho de Ormuz y con el precio del petróleo alcanzando su nivel más alto registrado desde junio de 2022, y a un paso de rozar sus máximos de 2008. El barril de crudo brent, de referencia en Europa, se ha disparado este martes un 5% y roza los 120 dólares. En el mes acumula una revalorización superior al 60% —la mayor subida de su historia—, hasta niveles no vistos desde los primeros meses de la guerra de Ucrania. Según las últimas informaciones publicadas por el Wall Street Journal, el presidente estadounidense ha comunicado a sus asesores que está dispuesto a dar por acabada la campaña militar, aunque el estrecho de Ormuz continúe bloqueado.

A ello se suma la advertencia lanzada por Donald Trump a los países que han rechazado involucrarse en los ataques a Irán, como Reino Unido y Francia. En un mensaje difundido en Truth Social, el mandatario instó a Londres a “comprar primero a Estados Unidos”, a armarse de valor y a “ir al Estrecho y tomarlo”. “Tendrán que aprender a defenderse; Estados Unidos ya no estará ahí para ayudarlos, igual que ustedes no estuvieron ahí para nosotros. Irán ha sido, esencialmente, diezmado. Lo más difícil ya pasó. ¡Vayan a buscar su propio petróleo!”, afirmó.

Pese a estas declaraciones y al fuerte encarecimiento del crudo, los inversores han optado por ver el vaso medio lleno en la última sesión del mes. Las expectativas de que el conflicto no vaya a más permiten a los índices europeos cerrar este martes con avances en torno al 0,5%, mientras que en Estados Unidos los parqués repuntan más del 2% a media sesión.

Para Salman Ahmed, responsable global de macro y asignación estratégica en Fidelity International, el conflicto ha entrado en una fase de escalada desordenada, pero más telegrafiada. “No se trata de una escalada totalmente descontrolada o caótica. Está señalizada y, en cierta medida, gestionada, aunque con riesgos evidentes de errores de cálculo. La ausencia de una destrucción generalizada de infraestructuras en la comunicación de ambas partes sugiere que aún existe contención”,

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