Mauricio Bastidas Bedoya, director general de Corponariño, lidera la estrategia de conservación y convivencia comunitaria frente a la presencia del oso andino en El Encano, Nariño.
A unos 30 minutos aproximadamente 27 kilómetros de Pasto, en el corregimiento de El Encano, la naturaleza y la vida campesina se encuentran todos los días en un equilibrio delicado. Allí, entre montañas, cultivos y caminos rurales, la presencia del oso andino no es solo una noticia ambiental: es una realidad que interpela a la comunidad sobre cómo convivir con el territorio que habitan.
Ante los avistamientos del oso de anteojos (Tremarctos ornatus), la autoridad ambiental Corponariño lidera una estrategia integral que busca proteger la especie considerada vulnerable sin desconocer las preocupaciones de los productores locales. El enfoque es claro: la conservación solo funciona cuando incluye a las personas.
Bajo la dirección de Mauricio Bastidas Bedoya, la entidad promueve monitoreo técnico del hábitat, espacios de diálogo con líderes campesinos y asesoría para prevenir encuentros con el animal mediante cercados y manejo adecuado del ganado. No se trata únicamente de protocolos, sino de construir confianza y corresponsabilidad.
En este corredor biológico estratégico, la presencia del oso también revela algo esperanzador: los ecosistemas aún conservan su salud. El desafío consiste en aprender a compartir el territorio.
En El Encano, la convivencia entre comunidad y biodiversidad no es una meta futura, sino una tarea cotidiana que recuerda que proteger la naturaleza también significa proteger la vida humana.




