Campesinos trabajan solos tras días sin respuestas.
La crisis estalló sin aviso tras varios días sin respuestas concretas y hoy mantiene a comunidades enteras prácticamente desconectadas del mundo. Desde el pasado 3 de marzo, una serie de derrumbes tiene bloqueada la vía alterna que comunica Maripí con Muzo, dejando a campesinos atrapados entre el barro, la incertidumbre y el abandono institucional.
Lo que comenzó como un deslizamiento aislado rápidamente se convirtió en una emergencia mayor. Al menos tres derrumbes, uno de ellos en el sector de Palmar, terminaron por cerrar completamente el paso, impidiendo la circulación de vehículos, motocicletas e incluso dificultando el tránsito a pie. Sectores como Narapay y Palmar quedaron sin conexión directa, obligando a sus habitantes a improvisar soluciones para sobrevivir.
La situación no solo afecta la movilidad. La economía campesina está siendo golpeada con fuerza. Los productos agrícolas no pueden salir hacia los mercados, los víveres no llegan con regularidad y los animales comienzan a resentir la falta de alimento. Cada día que pasa, las pérdidas aumentan y la angustia crece entre quienes dependen del campo para subsistir.
Ante la ausencia de respuestas concretas, la comunidad tomó una decisión desesperada: abrir camino con sus propias manos. Con palas, azadones y machetes, los campesinos salieron a remover tierra, piedras y lodo, intentando habilitar un paso mínimo que les permita movilizarse. La escena es contundente: hombres y mujeres trabajando sin maquinaria, enfrentando condiciones adversas y arriesgando su integridad.
“Estamos cansados de promesas”, asegura Pascual Solano un campesino del sector, reflejando el sentimiento general. La indignación crece al señalar que, pese a la presencia de maquinaria en el municipio, esta no ha sido utilizada para atender la emergencia en la vía afectada. Para los habitantes, la falta de acción agrava una problemática que, aseguran, se repite año tras año sin soluciones definitivas.
Las peticiones son claras y urgentes. Exigen la intervención inmediata de las autoridades para habilitar el paso, al menos para motocicletas, y una solución estructural que incluya el arreglo de la vía con cunetas y recebo. No se trata solo de una carretera, sino de una arteria vital para el sustento de decenas de familias.
El aislamiento también tiene un impacto social. Niños, adultos mayores y trabajadores enfrentan dificultades para desplazarse, acceder a servicios básicos o cumplir con sus actividades diarias. La sensación de olvido es cada vez más profunda.
Mientras tanto, la comunidad sigue resistiendo. Con esfuerzo propio, intentan abrir una vía donde hoy solo hay escombros. Pero el tiempo corre en contra. Si no hay una intervención urgente, la crisis podría agravarse aún más, dejando consecuencias económicas y sociales difíciles de revertir.




