Carlos Santa María
El CNE no tuvo necesidad de confrontación al interior anteriormente porque las élites lo manejaban totalmente. Hoy existe una democracia, restringida por obra de rezagos muy fuertes que dejaron los grupos en el poder para que defendiesen sus intereses, la mayoría contrarios al pueblo colombiano.
Por ello, la realidad política en Colombia es clara: los intentos de impedir la consulta a los candidatos del progresismo eliminando a Iván Cepeda se enfrentan a su decisión de hacerlo en primera vuelta donde habría un Acuerdo Nacional del pueblo trabajador, lo que podría dejar a la derecha en sus versiones radicales o del llamado centro compitiendo entre ellos mismos y mostrando su electorado concreto, es decir, riesgosos votos potenciales medidos.
Es evidente el escenario al confirmarse que los Medios Masivos de Desinformación en el país, pese a estar permanentemente criticando al presidente Gustavo Petro por su viaje a Estados Unidos, donde Donald Trump pareció relajado, dialogó por el doble del tiempo estimado, no puso ningún obstáculo a una conferencia de Petro en la embajada de Colombia en Estados Unidos con numerosos reporteros internacionales y manifestó sentirse complacido, aquella prensa, radio, televisión, ahora si ocultó y tergiversó los logros nacionales.
Además de los requerimientos al Pacto Histórico por el CNE, el Banco de la República ha subido exageradamente las tasas de interés con lo cual afecta negativamente la inflación al insuflar contenido para elevarla, la Corte Constitucional derrumbando los decretos que benefician al pueblo y la clase trabajadora colombiana, la Corte Constitucional impidiendo la Emergencia Económica que paraliza el avance de la economía en ascenso, el Congreso impidiendo las reformas sociales, junto a otras, se han unido para dilatar el bienestar de la población y quedan comprometidos con los intereses de las élites.
La conclusión es nítida: la nación está en una confrontación político-electoral donde unos sectores se oponen a las reformas transformadoras y privilegian sus propios proyectos contra las opciones que consideran la justeza social como baluarte de la soberanía. Ese es el desafío.




