Comunidad denuncia abandono mientras crece riesgo por falta de puente.
La creciente de la quebrada La Locha volvió a encender las alarmas y dejó, una vez más, en evidencia una problemática que lleva años sin solución. Este 18 de marzo, el desbordamiento obligó al cierre total del paso, afectando gravemente la movilidad y dejando prácticamente encerradas a comunidades enteras, especialmente a los habitantes de Maripí, quienes dependen de esta vía para su vida cotidiana.
La situación no es aislada ni reciente. Cada temporada de lluvias revive el mismo drama: el nivel del agua aumenta de forma impredecible, arrasa con el paso y convierte la vía en un punto intransitable. En medio de la necesidad, conductores de transporte público y particulares se ven obligados a tomar decisiones extremas, arriesgando sus vidas al intentar cruzar la quebrada cuando la corriente lo permite. “Aquí no es imprudencia, es necesidad. Si no pasamos, no trabajamos”, afirma un transportador que recorre a diario este corredor.
El problema de fondo es claro y, para la comunidad, indignante: la falta de un puente. A pesar de múltiples solicitudes, reuniones y compromisos, la obra nunca se ha ejecutado. Según denuncian los habitantes, al menos tres administraciones han pasado prometiendo soluciones que se han quedado únicamente en estudios y diseños, sin resultados concretos.
El impacto es profundo. No solo se trata de la movilidad, sino de la vida misma en la región. Cuando la quebrada crece, los habitantes de Maripí quedan prácticamente aislados, sin acceso a transporte, comercio, servicios médicos o educación. Hay familias que deben esperar horas o incluso días para poder salir o regresar a sus hogares, lo que agrava aún más las condiciones de vulnerabilidad.
La molestia de la comunidad es evidente. “Nos tienen olvidados. Solo vienen en campaña, prometen el puente y desaparecen. Mientras tanto, nosotros seguimos arriesgando la vida”, expresó un habitante del sector, reflejando el sentir generalizado.
El mal estado de la vía durante el verano y su colapso en invierno convierten este tramo en un peligro constante. Los conductores aseguran que cada cruce es una apuesta contra la muerte, especialmente cuando transportan pasajeros. La falta de intervención no solo demuestra abandono, sino que, según los pobladores, podría interpretarse como una negligencia que pone en riesgo a toda una comunidad.
Desde la administración local, liderada por Miller Romero, se ha recomendado evitar el tránsito por la zona. Sin embargo, esta medida ha generado más inconformidad, ya que no soluciona el problema de fondo y deja a los habitantes sin alternativas reales.



