Greenpeace advierte que 68 petroleros bloqueados en el Golfo Pérsico cargan 14 millones de toneladas de crudo y representan un riesgo ecológico grave

Un estudio publicado por Greenpeace Alemania advirtió sobre el grave riesgo ambiental que existe en el Golfo Pérsico debido al bloqueo de petroleros en el Estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del mundo para el transporte de petróleo. La organización alertó que un posible derrame de crudo en la zona podría provocar daños ecológicos irreversibles y cuya recuperación podría tardar décadas.

Según el informe, más de 68 buques petroleros cargados con crudo permanecen detenidos en el Golfo Pérsico, después de que los Guardianes de la Revolución Islámica de Irán restringieran de facto el tránsito por el estrecho. Esta situación se produjo tras el inicio de la ofensiva militar de Israel y Estados Unidos contra Irán el 28 de febrero, lo que elevó significativamente la tensión en la región y afectó el comercio energético mundial.

El análisis señala que los buques bloqueados transportan alrededor de 14 millones de toneladas de petróleo, una cantidad equivalente al consumo anual de Grecia. Esta enorme carga de crudo concentrada en una zona de conflicto aumenta el riesgo de accidentes o ataques que podrían desencadenar un gran derrame petrolero con consecuencias ambientales graves.

Datos de la firma de análisis energético Kpler muestran que el tráfico de petroleros por el Estrecho de Ormuz cayó cerca de un 90 % en solo una semana, reflejando la magnitud del impacto que el conflicto está teniendo sobre el transporte marítimo de energía. Desde el lunes de esa semana, solo nueve barcos comerciales han logrado cruzar el estrecho, y algunos de ellos han intentado ocultar su posición o navegación, según información del sistema de seguimiento marítimo MarineTraffic.

Greenpeace también destacó que la zona afectada es ambientalmente muy frágil, ya que en esas aguas existen arrecifes de coral, manglares y praderas marinas, ecosistemas que sirven de hábitat para numerosas especies de peces, aves y otros organismos marinos. Estos ecosistemas cumplen además un papel clave en la protección de las costas y en la subsistencia de comunidades locales que dependen de la pesca y de los recursos marinos.

La organización explicó que las operaciones militares, los ataques a barcos y la interferencia de señales de navegación incrementan considerablemente el riesgo de colisiones o accidentes entre los petroleros que permanecen en la zona. Desde el inicio del conflicto, algunos buques ya han sido atacados o afectados por incidentes, lo que refuerza el temor de que ocurra un desastre ambiental.

La portavoz de Greenpeace, Nina Noelle, advirtió que si se produce un derrame de petróleo los daños podrían destruir ecosistemas únicos y afectar los medios de vida de las poblaciones locales durante décadas. También señaló que, en su opinión, las comunidades costeras serían quienes pagarían las consecuencias de un conflicto militar que además estaría relacionado con intereses vinculados a la industria de los combustibles fósiles.

Ante este panorama, Greenpeace pidió el cese inmediato del uso de la fuerza militar en la región, así como el respeto al derecho internacional y la búsqueda de soluciones diplomáticas para evitar que la crisis se convierta en una catástrofe ambiental en una de las rutas marítimas más estratégicas del planeta. La organización insiste en que la única forma de prevenir un desastre ecológico de gran magnitud es reducir la escalada militar y garantizar la seguridad del tránsito marítimo en el Estrecho de Ormuz.

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