Simón Maya el niño danzante del carnaval
En medio del estruendo, los colores y la multitud, una figura diminuta rompió toda lógica y se robó el corazón del Carnaval. Tenía apenas seis años, pero bailaba como si la historia misma le marcara el paso. Su nombre es Simón Maya, integrante del Carnavalito de Guardianes del Carnaval, y sin proponérselo se convirtió en la sensación absoluta de la fiesta.
Ocurrió durante el tercer día de los colectivos coreográficos. Mientras los adultos seguían la coreografía, Simón se metió a la senda y empezó a danzar. No fue un juego infantil: fue una transformación. El niño se volvió leyenda. Su cuerpo pequeño parecía guiado por una memoria antigua; por eso muchos piensan que es un alma ancestral, un alma vieja con batería interminable.
Simón recorrió la senda el 2, el 3 y el 6 de enero, y su salida del 6 fue decisiva: desde ahí llegaron invitaciones que hoy lo proyectan hasta el Zambódromo de Río de Janeiro. Sueña en grande y lo dice sin titubeos: quiere ser gerente del Carnaval. Ahora pasa a primero de primaria en la Normal Nacional, pero su vocación ya está clara.
Su padre, Silvio Maya, fotógrafo y papá primerizo, habla de él con un orgullo que se le desborda en la voz. Junto a Mónica, su esposa con quien trabaja hombro a hombro, decidió incluso el nombre: Si de Silvio, mon de Mónica. Simón.
Hoy Silvio recopila cada presentación, cada salida, cada gesto creativo de su hijo. El reto es grande: por su corta edad, Simón no puede estar formalmente en la senda con colectivos coreográficos. Aun así, el camino está abierto. El viaje a Río es casi un hecho; lo financiado cubre solo a uno de los padres, y ahora la familia junta recursos para acompañarlo completo.
Porque cuando un niño baila con raíz, convicción y amor, el mundo tarde o temprano se abre para verlo pasar.




