COMPROMISO HISTÓRICO PARA NARIÑO

A pocas semanas de las elecciones al Senado y la Cámara de Representantes, el departamento de Nariño se encuentra ante una coyuntura decisiva. No se trata de una jornada electoral más. El 8 de marzo será una fecha que pondrá a prueba la madurez democrática de la región y la capacidad de su ciudadanía para asumir, con responsabilidad y visión de futuro, el poder que le otorga el voto. En un contexto nacional complejo, estas elecciones son trascendentales porque definirán quiénes legislarán, debatirán y tomarán decisiones que incidirán directamente en el desarrollo del país y, por supuesto, en el destino de Nariño.

Durante años, el departamento ha sentido el peso de una representación limitada en el Congreso, especialmente en el Senado. La pérdida de curules no es un asunto menor: significa menos voz, menos capacidad de incidencia y menor defensa de los intereses regionales en los grandes debates nacionales. Recuperar espacios en el Senado no es solo una aspiración política, sino una necesidad para un territorio diverso, fronterizo y estratégico, que requiere ser escuchado y tenido en cuenta en la formulación de políticas públicas.

Para lograrlo, la clave está en una votación masiva y consciente. Votar a conciencia implica informarse, analizar las trayectorias, las propuestas y la coherencia ética de quienes aspiran a representarnos. Significa ir más allá de los discursos fáciles, de las promesas sin sustento o de las lealtades automáticas. El voto no puede ser un acto impulsivo ni una costumbre heredada; debe ser una decisión reflexiva, basada en el interés colectivo y en la visión de un Nariño con mayor justicia social, desarrollo económico y paz territorial.

La abstención ha sido, históricamente, uno de los grandes obstáculos de la democracia colombiana. Cada ciudadano que decide no votar deja en manos de otros la elección de su futuro. En departamentos como Nariño, donde los desafíos son enormes, la abstención termina debilitando la posibilidad de contar con una representación fuerte y legítima. Derrotar la abstención es, por tanto, una tarea urgente. Salir a votar es un acto de responsabilidad cívica y también de dignidad: es negarse a que la indiferencia decida por nosotros.

Estas elecciones requieren un esfuerzo colectivo. La participación masiva no solo incrementa las posibilidades de recuperar curules en el Senado, sino que fortalece la legitimidad de quienes resulten elegidos. Un congresista respaldado por un electorado amplio tiene mayor autoridad política y moral para defender a su región. Por el contrario, una baja participación envía un mensaje de apatía que termina afectando la capacidad de gestión y de incidencia del departamento.

Todavía hay tiempo. Las semanas previas al 8 de marzo deben ser un espacio para el análisis sereno, el debate respetuoso y la comparación de propuestas. Es el momento de escuchar, preguntar y contrastar. De apoyar a quienes demuestren compromiso real con Nariño, conocimiento de sus problemáticas y voluntad de trabajar por soluciones de largo plazo. Elegir bien es tan importante como participar.

Nariño ha demostrado, a lo largo de su historia, una profunda vocación democrática y una capacidad admirable de resistencia y esperanza. Hoy, esa vocación se expresa en las urnas. Votar a conciencia, masivamente y sin miedo, es la mejor manera de fortalecer la democracia, recuperar la representación perdida y construir un futuro en el que el departamento tenga el lugar que merece en el escenario nacional. El 8 de marzo no dejemos que otros decidan por nosotros. La decisión está en nuestras manos.

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