Hay momentos en la vida en los que uno ya no sabe cómo orar bonito

Hay momentos en la vida en los que uno ya no sabe cómo orar bonito, ni cómo fingir fuerzas. Solo queda clamar.Como el ciervo herido que corre desesperado buscando agua, no por gusto sino por supervivencia, así queda el alma cuando todo pesa, cuando el silencio duele y cuando Dios parece lejos… aunque sea lo único que necesitamos.Este salmo no habla de comodidad, habla de urgencia.De una sed que no se calma con palabras humanas, ni con abrazos temporales, ni con distracciones. Es la sed del Dios vivo, la sed de Su presencia cuando el corazón está cansado de resistir solo.“Mi alma tiene sed de Dios”…No de respuestas rápidas.No de soluciones inmediatas.Sino de Él.Porque cuando Dios falta, todo falta. Y cuando Dios está, aun en el dolor, algo dentro vuelve a respirar.Este clamor no nace de la abundancia, nace de la quebrantadura. De noches largas, de lágrimas calladas, de oraciones que a veces solo son suspiros. Pero Dios entiende ese lenguaje. Él escucha ese gemido que no se puede explicar.Y así como el ciervo encuentra el agua, el alma que clama no queda vacía.Porque Dios nunca ignora un corazón sediento de Él. 💧🦌

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