En el suroccidente del país opera una estructura clandestina que, según información conocida por SEMANA, se ha convertido en la ruta principal utilizada por las disidencias de Iván Mordisco para mover a decenas de menores reclutados. Ese recorrido inicia en varios departamentos —Chocó, Nariño, Huila, Tolima, Cauca y Valle del Cauca— y tiene un punto de convergencia: el corregimiento de Timba, en jurisdicción de Jamundí.
De acuerdo con testimonios y denuncias de habitantes, Timba funciona como un “centro de acopio” donde los menores permanecen entre dos y tres semanas en hospedajes del casco urbano, custodiados por hombres armados y sin contacto con la comunidad. Los residentes identifican dos alojamientos —conocidos localmente como Doña María y La T— como los lugares donde los grupos llegan de noche o en la madrugada, siempre vigilados y en silencio. Para la comunidad, estos sitios llevan meses operando como puntos iniciales del proceso de reclutamiento.
Allí, los menores reciben instrucciones básicas mientras esperan ser enviados al Naya, una zona selvática y de difícil ingreso donde las disidencias han levantado una escuela de formación descrita por distintas fuentes como un enclave militar. En ese lugar son sometidos a entrenamiento armado, adoctrinamiento y preparación para incorporarse a las estructuras del Estado Mayor Central. “Muchos llegan siendo niños y salen convertidos en combatientes”, señaló una persona que ha acompañado a familias afectadas.
Tras su paso por el Naya, los menores son distribuidos entre varios frentes y columnas: Franco Benavides en Nariño; Adam Izquierdo en el Valle; Dagoberto Ramos en Cauca; Carlos Patiño en Cauca y Nariño; y Jaime Martínez entre Valle y Cauca. Todas estas estructuras dependen del flujo constante de nuevos reclutas que llegan desde Timba.
La estructura Ricardo Velázquez, involucrada en acciones terroristas en Jamundí y Cali, opera por aparte debido a su enfoque urbano. Fuentes de inteligencia indican que recluta directamente en barrios de ambas ciudades mediante amenazas, presión a las familias o promesas de dinero. Jóvenes captados por esta estructura habrían sido utilizados en motocicletas y vehículos cargados con explosivos, así como en ataques contra la Fuerza Pública. Sectores como Terranova, Rodeo, Las Flores y Alameda en Jamundí, y zonas del Distrito y Terrón en Cali, figuran entre los más golpeados.
En Timba, sin embargo, predomina un silencio impuesto. Aunque los hospedajes son ampliamente conocidos, el miedo a represalias evita que las denuncias lleguen a las autoridades. “Aquí nadie quiere terminar amenazado. Todos saben para qué sirven esos hoteles, pero nadie habla”, relató un residente.
El sistema revelado muestra que el reclutamiento no es una práctica aislada, sino una operación organizada y sostenida que mezcla control territorial, intimidación urbana y formación militar en zonas rurales. Un circuito que comienza en barrios y veredas, pasa por Timba y culmina en los frentes que hoy sostienen la ofensiva armada de las disidencias en el suroccidente.
Mientras tanto, las familias de los menores siguen esperando respuestas. “A mi hijo se lo llevaron y lo último que supimos es que lo vieron en Timba. Después, nunca más”, afirmó una madre que aún conserva la esperanza. Pese a que la ruta es conocida y los puntos están identificados, la operación continúa ocurriendo a plena vista sin que frene el avance del reclutamiento infantil en esta región del país.




