Un equipo de arqueólogos marinos ha identificado los restos de un barco mercante de más de 3.300 años de antigüedad en el fondo del Mar Mediterráneo oriental, a casi 2.000 metros de profundidad, un hallazgo que desafía las ideas tradicionales sobre cómo navegaban los pueblos antiguos.
El naufragio fue encontrado durante un estudio ambiental frente a las costas de Israel y estaba acompañado por un cargamento de cientos de ánforas cananeas intactas, lo que indica que se trataba de un barco de comercio en mar abierto y no de una embarcación que permanecía cerca de la costa.
Este descubrimiento pone en duda la teoría histórica según la cual los navegantes de la Edad del Bronce —periodo que se extendió aproximadamente entre 3.300 y 3.200 años atrás— se movían principalmente siguiendo la línea costera. La ubicación del barco sugiere que sus tripulaciones cruzaban largas distancias en mar abierto, lo que habría requerido un nivel de navegación guiada por estrellas o por otros métodos sofisticados propios de marinos experimentados.
Gracias a la gran profundidad a la que se encuentra el naufragio, donde no penetran fuertes corrientes ni hay interferencia humana, los restos están extraordinariamente bien preservados, lo que permitirá a los investigadores obtener información detallada sobre técnicas de navegación, comercio y diseño de embarcaciones de la época.
Este tipo de descubrimientos enriquece el conocimiento sobre las capacidades marítimas de civilizaciones antiguas y obliga a revisitar las interpretaciones académicas sobre cómo se desarrolló el comercio y la navegación en el Mediterráneo hace milenios




