Repunte del “paseo millonario” evidencia crisis de seguridad urbana en Bogotá

Bogotá, febrero de 2026 — La capital colombiana enfrenta una creciente preocupación en materia de seguridad urbana tras el alarmante repunte del delito conocido como “paseo millonario”, una modalidad de robo y secuestro extorsivo que ha regresado con fuerza y ha marcado un repunte en los índices delictivos en 2025, según cifras oficiales y análisis de expertos en criminología y seguridad ciudadana.

Este fenómeno, que consiste en que personas —generalmente abordando un taxi, vehículo particular o incluso apps de transporte— son retenidas, intoxicadas, amenazadas y obligadas a revelar claves o a realizar transacciones financieras, ha dejado al menos 37 casos registrados durante el año pasado, la cifra más alta desde 2007 y muy superior a los ocho casos denunciados en 2024.

Un retorno que inquieta a la ciudad

El retorno de los “paseos millonarios” ha generado alarma no sólo entre las autoridades, sino también dentro de la ciudadanía bogotana, que recordaba este delito como un problema que había sido casi contenido tras años de esfuerzos conjuntos entre Policía, Fiscalía y administración distrital. Expertos en seguridad han señalado que este repunte refleja una renovada capacidad operativa de bandas criminales especializadas, que han encontrado en esta forma de extorsión una fuente de altos ingresos con relativamente bajo riesgo de arresto inmediato.

Entre las víctimas se cuentan personas de distintos perfiles socioeconómicos, profesionales, empresarios, académicos y usuarios de transporte urbano. Por ejemplo, el caso de un profesor universitario que fue reportado como víctima en enero de este año terminó en tragedia, con su cuerpo encontrado calcinado en el sur de la ciudad días después de haber sido secuestrado tras abordar un servicio de taxi, lo que ha intensificado la presión sobre las autoridades para responder con mayor eficacia.

Modus operandi y profesionalización de bandas

El patrón del “paseo millonario” ha evolucionado con el tiempo. Ya no se trata únicamente de un hurto tradicional; las bandas han implementado técnicas de perfilamiento previo de las víctimas, seleccionando a sus objetivos mediante observación en espacios nocturnos, redes sociales o actividades habituales. Una vez abordada la víctima, esta es drogada o amenazada para acceder a sus dispositivos y cuentas bancarias, lo que facilita que los delincuentes realicen retiros, compras o transferencias antes de abandonarla en zonas alejadas de la ciudad.

Además, esta modalidad está siendo revisada por las autoridades judiciales para que sea tipificada como secuestro extorsivo, una figura penal que conlleva penas mucho más severas que las del hurto agravado y que busca dar mayor protección a las víctimas y castigar con mayor rigor a los responsables.

Impacto social y miedo ciudadano

La incidencia de los “paseos millonarios” genera efectos más allá de las cifras delictivas: provoca miedo y desconfianza entre quienes utilizan transporte público, servicios de taxi y aplicaciones de movilidad nocturna, especialmente en zonas con alta vida nocturna como La Zona T, El Chicó o sectores céntricos de la ciudad. Las experiencias relatadas por víctimas y testigos describen jornadas de terror y ansiedad, y llevan a muchos residentes a modificar sus hábitos de movilidad por miedo a ser el próximo blanco del delito.

La percepción de inseguridad también afecta al comercio nocturno, la vida social y la actividad económica en sectores que solían ser puntos de encuentro populares, pues las advertencias sobre precauciones —como evitar tomar taxis en la calle, utilizar siempre apps de transporte con identificación previa del conductor o evitar zonas solitarias a altas horas de la noche— se han vuelto cada vez más frecuentes en redes y entre grupos comunitarios.

Respuesta institucional y desafíos pendientes

Ante este escenario, las autoridades han comenzado a implementar medidas para contrarrestar el delito, incluyendo operaciones de inteligencia, campañas de prevención y coordinación con gremios de taxis y plataformas digitales de transporte para establecer “zonas amarillas” donde se facilite un abordaje seguro con registro y seguimiento, especialmente en horarios nocturnos.

Asimismo, la Policía Metropolitana de Bogotá y el GAULA han intensificado las acciones en puntos críticos, reforzando controles y promoviendo recomendaciones de autoprotección para los ciudadanos. Sin embargo, expertos y analistas señalan que estas medidas de respuesta inmediata deberán complementarse con estrategias estructurales de seguridad ciudadana, que incluyan fortalecimiento de inteligencia criminal, programas sociales preventivos y políticas sostenidas de largo plazo para reducir las condiciones que permiten la proliferación de este tipo de delitos.

Una ciudad en alerta

El repunte del “paseo millonario” en Bogotá no es un fenómeno aislado, sino un síntoma de desafíos más amplios en la seguridad urbana de una metrópoli de más de ocho millones de habitantes. La combinación de innovación de las bandas criminales, la percepción de impunidad y la falta de estrategias sostenidas han generado un contexto que exige respuestas urgentes y coordinadas entre Estado y sociedad civil para recuperar la confianza de la ciudadanía y garantizar un entorno urbano más seguro para todos.

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