Breiner Riaño Álvarez tenía apenas 17 años. Este 3 de febrero debía ser un día distinto: uno más de cumpleaños, quizá con una torta sencilla, una canción y el abrazo de su familia. Pero no fue así. La fecha lo encontró ausente, convertido en una víctima más de un conflicto que sigue golpeando con fuerza a los jóvenes del sur del país.
El adolescente murió el pasado 2 de febrero durante un operativo militar adelantado por el Ejército Nacional en zona rural del municipio de La Montañita, Caquetá. En el mismo hecho perdieron la vida otras dos personas señaladas de pertenecer a un grupo disidente armado. Breiner, según se conoció, habría estado vinculado a esa estructura desde el año anterior.
Vida rural
Breiner era oriundo de Cartagena del Chairá y residía en la vereda La Estrella, un territorio donde la presencia del Estado es mínima y las oportunidades escasas. Como muchos jóvenes de zonas rurales, creció entre carencias, caminos de tierra y un futuro que pocas veces ofrece alternativas claras.
Personas cercanas aseguran que el joven tomó la decisión de cambiar su estilo de vida en medio de un entorno marcado por la violencia y la falta de opciones laborales o educativas. Una decisión que, aunque personal, suele estar influenciada por realidades más grandes que un adolescente difícilmente puede enfrentar solo.
Decisiones duras
El caso de Breiner vuelve a poner sobre la mesa una verdad incómoda: muchos jóvenes no llegan a la guerra por convicción, sino por necesidad, presión o ausencia de oportunidades. A los 16 o 17 años, cuando aún se es casi un niño, el conflicto aparece como una salida equivocada, pero cercana.
Su muerte deja un profundo dolor en su familia y en su comunidad. También deja preguntas sin respuesta sobre qué pudo haberse hecho para evitar que su historia terminara así.
Silencio hoy
Este 3 de febrero no hubo celebración. En su lugar, hubo silencio, duelo y lágrimas. Un cumpleaños que se convirtió en recuerdo y una vida que no alcanzó a construirse del todo.
La historia de Breiner Riaño Álvarez no es un caso aislado. Es el reflejo de cientos de jóvenes rurales que siguen siendo absorbidos por la violencia. Una realidad que invita a pensar, con urgencia, en el futuro de quienes hoy crecen en territorios donde la guerra sigue reclutando sueños y truncando vidas antes de tiempo.




