La reunión de Estado entre el presidente colombiano Gustavo Petro y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dejó tres líneas estratégicas que permiten leer el encuentro como políticamente exitoso y con proyección operativa: el cambio de foco hacia las cúpulas financieras internacionales del narcotráfico, la validación de la erradicación voluntaria con verificación técnica y la reactivación económica de las fronteras con Venezuela y Ecuador como herramienta para cerrar el espacio a las economías ilegales.
En su balance posterior, el jefe de Estado colombiano insistió en que la guerra contra el narcotráfico no se resuelve aumentando la presión sobre los campesinos cultivadores, sino atacando a los verdaderos dueños del negocio y creando condiciones económicas que hagan irreversible la sustitución de cultivos ilícitos. Esa lógica atravesó toda la conversación con Trump y marcó los puntos de convergencia entre ambos gobiernos.
Golpear la cúspide del narcotráfico: capitales y redes transnacionales
El primer eje del encuentro fue el desplazamiento del objetivo central de la lucha antidrogas: de las estructuras armadas locales a las redes transnacionales que controlan las finanzas del narcotráfico. Petro sostuvo que la “primera línea” del negocio no se encuentra en la selva colombiana, sino en ciudades globales y centros financieros donde se administran capitales y se lava el dinero.
El mandatario afirmó que entregó información de inteligencia con nombres y alias de quienes dominan el negocio desde el exterior y pidió cooperación directa para perseguir sus capitales y capturarlos en las jurisdicciones donde operan. Este enfoque, según el Gobierno, cambia el indicador de éxito: ya no se trata solo de toneladas incautadas o hectáreas fumigadas, sino de estructuras financieras desmanteladas y mandos capturados fuera de Colombia.
La disposición de Trump a escuchar este planteamiento es leída por el Ejecutivo colombiano como un avance hacia una cooperación más profunda en persecución financiera, inteligencia y judicialización internacional.
Erradicación voluntaria y sustitución con verificación
El segundo factor clave fue la validación de la erradicación voluntaria acompañada de sustitución productiva, con énfasis en la verificación técnica y científica de los resultados. Petro defendió ante Trump la erradicación “de raíz”, es decir, el arranque manual de la planta por parte del propio campesino, como la única forma de eliminar de manera permanente los cultivos de coca.
El Presidente contrastó este método con la erradicación forzada y la fumigación aérea, que —según ha sostenido— no se reflejaron de manera confiable en los mapas satelitales y terminaron asociadas a corrupción y re-siembra. En ese contexto, presentó cifras que, dijo, deben ser verificadas por instancias independientes: alrededor de 12.000 hectáreas ya erradicadas y más de 42.000 hectáreas inscritas en programas de sustitución.
La sustitución voluntaria, explicó, no es solo una política agrícola, sino una estrategia político-territorial que busca romper el vínculo entre comunidades rurales y narcotráfico, llevando al territorio inversión estatal, servicios básicos, infraestructura y acceso asegurado a mercados legales.
Economía fronteriza como herramienta contra el narcotráfico
El tercer eje del encuentro fue la reactivación económica de las fronteras como instrumento central para debilitar el narcotráfico. Petro planteó que la coca prospera donde no hay comercio legal, infraestructura ni presencia del Estado, y que por eso la frontera debe volver a moverse alrededor de alimentos, energía y producción formal.
En esa lógica, conectó la integración con Venezuela y Ecuador con regiones críticas como el Catatumbo y el suroccidente colombiano. Según el mandatario, entre más se reactive económicamente el norte y noroeste de Colombia junto con el occidente venezolano, menor será la incidencia del narcotráfico; y entre más se fortalezca el sur colombiano y el norte de Ecuador, mayores serán las posibilidades de cerrar las rutas ilegales.
El planteamiento incluye integración energética, infraestructura y comercio legal, bajo la premisa de que la frontera abierta favorece la economía formal, mientras que el cierre empuja el contrabando y la cocaína.
Un enfoque alternativo que gana espacio en Washington
Leída en estos tres ejes, la reunión dejó abierta la posibilidad de avanzar hacia una política antidrogas más alineada con los enfoques alternativos del Gobierno colombiano: cooperación internacional para perseguir capitales y jefes que operan fuera del país; erradicación voluntaria con verificación rigurosa; y desarrollo económico fronterizo como antídoto estructural contra el narcotráfico.
Para Colombia, estas ideas no son nuevas. Sin embargo, el hecho de que hayan sido escuchadas y discutidas al más alto nivel en Washington representa un cambio en la conversación bilateral. En la visión del Ejecutivo, Trump —crítico de las guerras prolongadas y de alto costo— podría evaluar estos planteamientos como parte de una revisión más profunda de una estrategia antidrogas que, con el paso de los años, no logró los resultados esperados.



