Un análisis internacional respaldado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y publicado en Nature Medicine concluye que 4 de cada 10 casos de cáncer en el mundo podrían prevenirse si se reducen factores de riesgo modificables. El estudio estimó que 7,1 millones de diagnósticos en 2022 —el 37,8% del total global— estuvieron asociados a conductas y exposiciones evitables.
Los investigadores cruzaron bases de datos epidemiológicas globales con evidencia clínica acumulada durante décadas para identificar qué proporción de los cánceres actuales no responde a la genética ni al azar, sino a decisiones, entornos y políticas públicas. El mensaje es contundente: la prevención tiene un impacto masivo y medible.
Los factores que más pesan
El informe identifica como principales responsables al consumo de tabaco, el alcohol, la obesidad, el sedentarismo, la dieta poco saludable, la exposición a contaminantes ambientales y ciertas infecciones prevenibles.
El tabaco sigue siendo el mayor factor de riesgo individual, vinculado no solo al cáncer de pulmón, sino también a tumores de boca, garganta, esófago, vejiga y páncreas. Le siguen el alcohol y el exceso de peso corporal, cada vez más asociados a cánceres de hígado, colon, mama y endometrio.
Los autores subrayan que estos riesgos no actúan de forma aislada. En muchos casos, se combinan y potencian, elevando significativamente la probabilidad de desarrollar la enfermedad.
Diferencias entre regiones y niveles de ingreso
El peso de los factores prevenibles varía entre países. En naciones de ingresos altos, el tabaquismo histórico y el consumo de alcohol explican buena parte de la carga. En países de ingresos medios y bajos, además, influyen con fuerza infecciones prevenibles como el VPH (virus del papiloma humano) y la hepatitis B y C, relacionadas con cáncer de cuello uterino e hígado.
Esto revela que la prevención no es solo un asunto individual, sino también una cuestión de acceso a vacunación, educación y políticas sanitarias eficaces.
Prevención: más efectiva que el tratamiento
La OMS insiste en que invertir en prevención resulta más costo-efectivo que tratar el cáncer una vez aparece. Medidas como impuestos al tabaco y alcohol, promoción de la actividad física, acceso a alimentos saludables, vacunación contra el VPH y la hepatitis B, y control de la contaminación pueden reducir de forma significativa la incidencia global.
Los investigadores recalcan que incluso cambios modestos en el estilo de vida, sostenidos en el tiempo, pueden traducirse en una reducción tangible del riesgo individual.
Un llamado a gobiernos y ciudadanos
El estudio no solo cuantifica el problema; plantea una hoja de ruta. Los autores piden a los gobiernos fortalecer políticas públicas basadas en evidencia y a la población adoptar hábitos saludables. La combinación de decisiones personales y entornos regulados es clave para disminuir la carga mundial del cáncer.
La conclusión es clara: una fracción importante del cáncer no es inevitable. Con información, prevención y políticas adecuadas, millones de diagnósticos podrían evitarse cada año.




