Bogotá D.C., enero de 2026.
La seguridad de los defensores de derechos humanos vuelve a estar en el centro del debate nacional. Juan David Amaya, joven activista colombiano de 19 años, denunció haber sido víctima de graves amenazas de muerte en las inmediaciones de su residencia el pasado 12 de enero de 2026.
El hecho generó alarma e indignación en organizaciones sociales, ambientales y de derechos humanos, que advierten sobre el alto nivel de riesgo que enfrentan quienes defienden causas sociales en el país.
“Colombia se ha convertido en un epicentro global de riesgos para defensores ambientales y sociales”, expresó Amaya, tras conocerse la intimidación que pone en peligro su vida y la de su entorno cercano.
Amenazas que ponen en riesgo la democracia
Las amenazas representan un riesgo directo contra la vida e integridad física del activista y vulneran derechos fundamentales como la libertad y la seguridad personal.
El caso vuelve a evidenciar la situación de vulnerabilidad estructural que enfrentan los defensores de derechos humanos en Colombia, especialmente jóvenes comprometidos con la justicia social y ambiental.
Juan David Amaya ha desarrollado un trabajo constante de visibilización de problemáticas que afectan a comunidades históricamente vulneradas, convirtiéndose en una voz activa en la defensa del territorio, el medio ambiente y los derechos colectivos.
Intimidar al activismo es silenciar a la sociedad
Diversos sectores advierten que este tipo de intimidaciones no solo buscan callar a una persona. También debilitan la democracia y restringen la participación ciudadana.
La violencia contra activistas sociales es un reflejo de las dificultades persistentes para garantizar un entorno seguro a quienes ejercen una labor legítima y necesaria para el país.
“Defender el medio ambiente y los derechos humanos no es un delito. Es un aporte esencial para una sociedad más justa y sostenible”, señalaron voceros de organizaciones sociales.
Denuncias y exigencia de protección
Se confirmó que ya fueron interpuestas denuncias formales ante la Fiscalía General de la Nación, con el fin de identificar y sancionar a los responsables de las amenazas.
Además, se exige al Estado la implementación inmediata de medidas de protección efectivas para salvaguardar la vida de Juan David Amaya y de su círculo cercano.
Organizaciones nacionales e internacionales hicieron un llamado urgente a la comunidad internacional para mantenerse alerta y respaldar mecanismos que garanticen la seguridad de los defensores ambientales y sociales en Colombia.
Defender la vida no debe costar la vida
El caso de Juan David Amaya reabre una discusión clave sobre el futuro del activismo en el país. La defensa de la vida, la justicia y la libertad debe ser protegida por todas las instituciones y actores sociales.
Garantizar un entorno libre de amenazas y violencia es una condición indispensable para construir un futuro digno, democrático y seguro.



