El llamado “Cartel de los Soles”, presentado durante años como una poderosa red de narcotráfico supuestamente dirigida por el presidente venezolano Nicolás Maduro, quedó seriamente cuestionado tras el juicio adelantado en Nueva York, donde se evidenció que no existe como una organización criminal estructurada, con mando único o jerarquía definida. Lo que se demostró es que el término fue una construcción mediática y política, basada en una expresión popular venezolana utilizada para referirse de forma genérica a militares corruptos, y que con el tiempo fue transformada en un relato oficial por sectores del poder en Estados Unidos.
Esta narrativa fue utilizada como principal justificación del gobierno de Donald Trump para legitimar acciones de fuerza contra Venezuela, incluyendo los bombardeos sobre Caracas del 3 de enero, bajo el argumento de combatir una supuesta estructura mafiosa transnacional. Sin embargo, el desarrollo del juicio contra Maduro dejó en claro que el llamado Cartel de los Soles no opera como un cartel real, sino como una etiqueta política sobredimensionada.
Lo más grave, según el análisis, es que esta construcción fue adoptada formalmente por autoridades estadounidenses durante el primer mandato de Trump, al punto de ofrecer recompensas millonarias —superiores a los 15 millones de dólares— por la captura de presuntos integrantes del cartel. Estas recompensas, amplificadas por los medios, fueron presentadas como prueba de su existencia, consolidando una narrativa que hoy se desmorona en sede judicial.
En Colombia, el relato también tuvo eco. El gobierno colombiano llegó a catalogar al Cartel de los Soles como organización terrorista, una decisión celebrada por sectores de la oposición. No obstante, expertos como Philip Gunson, investigador de Crisis Group, sostienen que no se trata de una organización criminal con estructura definida, sino de una forma de nombrar fenómenos de corrupción dentro de sectores militares, sin que exista evidencia de un cartel centralizado o dirigido por una sola figura.
El origen: el entrampamiento al proceso de paz
El texto vincula directamente la creación y consolidación de esta “falsa realidad” con el entrampamiento al proceso de paz en Colombia, ocurrido entre 2017 y 2019, durante la transición del conflicto armado a la implementación del Acuerdo de Paz con las FARC. El principal protagonista de este episodio habría sido el entonces fiscal general Néstor Humberto Martínez Neira, en coordinación con agentes de la DEA.
Según las denuncias, en ese periodo se diseñó una operación encubierta para involucrar en narcotráfico a dos de los principales negociadores de paz: Jesús Santrich e Iván Márquez. Esta operación se convirtió en uno de los golpes más duros al proceso de paz y sentó las bases de la narrativa internacional que luego alimentaría la acusación estadounidense contra Maduro.
Las pruebas ocultas y el caso Santrich
En noviembre de 2020, el diario El Espectador reveló la existencia de 24.000 audios interceptados que la Fiscalía de Martínez había ocultado a la Justicia Especial para la Paz (JEP). Estas grabaciones resultaban clave para esclarecer el caso Santrich y, según se denunció, fueron retenidas con el objetivo de debilitar el Acuerdo de Paz.
El 15 de mayo de 2019, Martínez renunció a la Fiscalía luego de que la JEP ordenara la libertad de Jesús Santrich, al concluir que no existían pruebas completas ni suficientes que demostraran que la supuesta conspiración para enviar cocaína después de la firma del acuerdo fuera real.
La operación de entrampamiento
Las investigaciones posteriores revelaron que Santrich fue víctima de una operación de entrampamiento liderada por la Fiscalía y la DEA. Los supuestos narcotraficantes mexicanos interesados en la compra de cocaína eran en realidad agentes encubiertos, que se hacían pasar por miembros del cártel de Sinaloa.
Un papel clave lo jugó Marlon Marín, sobrino de Iván Márquez, quien habría colaborado con la DEA y se entregó a las autoridades horas después del operativo contra Santrich en Bogotá. Marín sirvió como intermediario, facilitando llamadas y encuentros fabricados, y según las denuncias, incluso la cocaína utilizada en la operación habría sido suministrada por la propia Fiscalía.
Estas denuncias fueron llevadas al Congreso de la República en 2020 por figuras como el entonces senador Gustavo Petro y el congresista Iván Cepeda, hoy protagonistas centrales del escenario político colombiano.
Consecuencias políticas y geopolíticas
El caso Santrich marcó un punto de quiebre en la implementación del Acuerdo de Paz, debilitó la legitimidad de la JEP y contribuyó a la reconfiguración del conflicto armado, incluyendo el surgimiento de disidencias. Al mismo tiempo, alimentó una narrativa internacional que terminó siendo utilizada para justificar acciones hostiles contra Venezuela.
Finalmente, investigadores como Salomón Majbud, de Indepaz, señalan que aunque Trump utilizó el discurso del Cartel de los Soles y la lucha antidrogas, el propio expresidente estadounidense reconoció públicamente que su verdadero interés era el control del petróleo venezolano, con el objetivo de impedir que ese recurso siguiera abasteciendo a países como Rusia, China e Irán.
En síntesis, el juicio en Nueva York no solo desmonta la existencia del Cartel de los Soles como estructura criminal real, sino que deja al descubierto cómo una narrativa política y judicial fabricada terminó influyendo en la paz de Colombia, en la política regional y en la geopolítica continental. Si querés, puedo adaptarlo a nota de investigación, resumen editorial o guion para video informativo.




