El paso de Stefanos Tsitsipas por el Australian Open 2026 ha dejado un sabor amargo, no solo por su eliminación prematura, sino por la naturaleza de la lesión que condicionó su rendimiento. El tenista griego, que supo ser el número 3 del mundo, se despidió en segunda ronda tras caer ante el checo Tomás Machac con parciales de 4-6, 6-3, 6-7 y 6-7, revelando posteriormente un descuido que le costó caro.
Un error futbolístico antes del Grand Slam
La verdadera causa de su caída no estuvo únicamente en el juego de su rival, sino en un partido de fútbol informal cuatro días antes del torneo. Tsitsipas confesó haber sufrido un desgarro en el psoas mientras realizaba toques con el balón. Al intentar un giro brusco para recuperar la pelota, sintió un impacto que lo dejó en estado de shock y con serias dificultades incluso para caminar.
«Es la lesión más tonta que me ha pasado. Estaba furioso conmigo mismo porque algo tan inocente causó un dolor inmenso», declaró el griego. A pesar de que su equipo médico le aconsejó no participar, el tenista decidió forzar su debut contra Shintaro Mochizuki, logrando una victoria heroica basada más en la voluntad que en la plenitud física.
Un calvario de dolencias en la cancha
Aunque el psoas dejó de ser la preocupación principal en su segundo encuentro, otros fantasmas físicos aparecieron para atormentarlo frente a Machac. Tsitsipas reveló que sufrió una torsión en el menisco durante el partido, un dolor punzante que ya había experimentado en el pasado. Además, lidió con un neuroma de Morton en su otra pierna, una afección que provoca el engrosamiento del tejido nervioso en el pie.
A estas complicaciones se sumó el ruido mediático fuera de las pistas. Mientras el griego luchaba por mantenerse en el torneo, la prensa internacional especulaba sobre su vida personal tras su reciente ruptura con Paula Badosa y el inicio de su relación con Kristen Thoms, añadiendo una capa de presión extra a su ya frágil momento deportivo.
Lecciones para el futuro
Con 12 títulos ATP en su palmarés, Tsitsipas reconoce que este episodio debe ser un punto de inflexión en su profesionalismo. La derrota lo deja actualmente en el puesto 35 del escalafón, lejos de las finales de Grand Slam que disputó en años anteriores. Su principal aprendizaje es claro y contundente: «No volveré a jugar al fútbol antes de un torneo importante».
El griego ahora deberá enfocarse en una recuperación integral para recuperar el terreno perdido en el circuito y volver a ser el contendiente peligroso que alguna vez dominó en el Masters de Montecarlo.




