Este miércoles 21 de enero de 2026, Colombia y la comunidad internacional reflexionan sobre el primer año del segundo mandato presidencial de Donald Trump en Estados Unidos, periodo que ha estado marcado por una relación bilateral extremadamente compleja, tensa y volátil entre Washington y Bogotá, caracterizada por confrontaciones públicas, amenazas mutuas, sanciones económicas, acusaciones graves, y momentos de distensión parcial que no han logrado restablecer la confianza y cooperación que tradicionalmente caracterizó las relaciones entre ambas naciones durante décadas.
El año que acaba de cumplirse desde la posesión de Trump el 20 de enero de 2025 ha sido uno de los más turbulentos en la historia moderna de las relaciones Colombia-Estados Unidos, alianza estratégica que durante más de medio siglo se consideró sólida, predecible y mutuamente beneficiosa, sustentada en pilares como la lucha contra el narcotráfico, la cooperación en seguridad y defensa, el intercambio comercial bajo el Tratado de Libre Comercio vigente desde 2012, la cooperación educativa y científica, y los valores democráticos compartidos.
La crisis bilateral se desató dramáticamente en los primeros días del mandato de Trump cuando el presidente colombiano Gustavo Petro bloqueó vuelos militares estadounidenses que transportaban deportados colombianos esposados y encadenados, gesto que consideró humillante y violatorio de la dignidad humana. La respuesta de Trump fue inmediata y contundente: amenazó con imponer aranceles de hasta 50% sobre productos colombianos, sanciones a funcionarios del gobierno, y otras medidas económicas punitivas que hubieran generado impactos devastadores sobre la economía colombiana.
Ante la presión estadounidense, Petro retrocedió parcialmente aceptando recibir los vuelos de deportación, pero la relación quedó profundamente fracturada. En los meses subsiguientes, Trump impuso sanciones económicas personales contra Petro, su exesposa y el ministro del Interior, acusándolos sin presentar evidencias públicas de vínculos con el narcotráfico. Adicionalmente, Estados Unidos incluyó a Colombia en una lista de países que no cooperan adecuadamente en la guerra contra las drogas, designación que significó recortes drásticos en la asistencia económica y militar estadounidense que tradicionalmente Colombia recibía como su principal aliado latinoamericano.
La tensión escaló dramáticamente el 3 de enero de 2026 cuando fuerzas militares estadounidenses ejecutaron un ataque con misiles en Caracas que resultó en la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro. Petro condenó enérgicamente esta operación militar unilateral calificándola de violación flagrante de la soberanía venezolana y del derecho internacional, comparándola con bombardeos históricos considerados crímenes de guerra. Trump respondió con amenazas veladas contra Colombia y acusaciones públicas de que Petro opera Ā«fábricas de cocaínaĀ» que exportan droga a Estados Unidos, declaraciones incendiarias que llevaron la relación a su punto más bajo.
Sin embargo, el 7 de enero de 2026 ambos presidentes sostuvieron una conversación telefónica de más de una hora que marcó un giro inesperado hacia la distensión parcial. Trump posteriormente publicó en sus redes sociales que había sido Ā«un gran honorĀ» hablar con Petro, que apreciaba su tono conciliatorio, y que lo había invitado a la Casa Blanca para una reunión bilateral programada tentativamente para principios de febrero de 2026. Esta apertura sorprendió a analistas internacionales dado el nivel de confrontación previo y las acusaciones mutuas que habían caracterizado la relación durante meses.
Expertos en relaciones internacionales de universidades colombianas como la Universidad Externado, la Universidad de La Sabana y otras instituciones académicas han analizado extensamente las implicaciones de este primer año de Trump para Colombia. Coinciden en que los principales desafíos para la relación bilateral en el futuro inmediato incluyen: el tema diplomático y la sintonía personal entre ambos presidentes que tienen visiones ideológicas diametralmente opuestas; la política antidrogas donde Trump favorece enfoques punitivos tradicionales de erradicación forzada mientras Petro propone estrategias de sustitución voluntaria y desarrollo rural alternativo; los temas migratorios donde Estados Unidos presiona por deportaciones masivas que Colombia debe recibir; y el comercio internacional donde Trump amenaza con revisar o incluso cancelar el Tratado de Libre Comercio bilateral.
Los analistas advierten que aunque Colombia históricamente ha sido considerada el aliado más fiel de Estados Unidos en América Latina, esta relación no es incondicional y podría enfriarse significativamente si persisten las diferencias ideológicas, los roces diplomáticos y las visiones contrapuestas sobre temas fundamentales. Señalan también que para el gobierno de Trump, América Latina en general y Colombia en particular tienen relevancia limitada comparada con prioridades geopolíticas como China, Rusia, Medio Oriente y Europa, lo que reduce el margen de maniobra diplomático colombiano.




