El entusiasmo generado por la inauguración de la Academia del Carnaval de Bogotá el día de ayer continúa en ascenso este sábado 18 de enero, con la segunda jornada de formación artística que consolida el compromiso de la región de Bogotá-Cundinamarca con el rescate, fortalecimiento y proyección de las tradiciones carnavaleras y expresiones culturales populares. La Academia, ubicada en la Transversal 77C #47-16, ha abierto nuevamente sus puertas desde las 9:00 de la mañana para ofrecer talleres gratuitos de danza, percusión, teatro callejero y elaboración de vestuarios tradicionales, actividades diseñadas para preparar a cientos de participantes que formarán parte del Gran Carnaval de Bogotá 2026 programado para abril.
El proyecto de la Academia del Carnaval representa una apuesta ambiciosa y a largo plazo por construir en Bogotá una tradición carnavalera comparable con las grandes festividades del Caribe colombiano como el Carnaval de Barranquilla, o del sur del país como el Carnaval de Negros y Blancos de Pasto. A diferencia de eventos culturales esporádicos organizados verticalmente desde instituciones gubernamentales, el Carnaval de Bogotá se concibe como una construcción colectiva, participativa y democrática que involucra activamente a comunidades barriales, colectivos artísticos, organizaciones sociales, escuelas de formación y ciudadanos de todas las edades que desean expresar su identidad, creatividad y alegría a través del arte y la fiesta.
Durante la jornada de hoy, los asistentes están participando en talleres prácticos de cumbia, mapalé, garabato, congo y otras danzas tradicionales colombianas, guiados por maestros experimentados que no solo enseñan los pasos y movimientos técnicos sino que transmiten el significado cultural, histórico y social de cada expresión artística. Los participantes aprenden que el mapalé, por ejemplo, no es simplemente una danza energética con movimientos rápidos y sensuales, sino una manifestación de resistencia afrodescendiente que tiene sus raíces en las comunidades de pescadores del Caribe colombiano y que representa la lucha, la libertad y la celebración de la vida a pesar de la adversidad histórica.
Las sesiones de percusión son igualmente enriquecedoras, con instructores enseñando ritmos básicos de tambora, alegre, llamador y otros instrumentos tradicionales que conforman la base rítmica de la música carnavalera. Los participantes, muchos de ellos sin experiencia musical previa, descubren su capacidad innata para crear música y experimentan la poderosa sensación de conexión humana que surge cuando un grupo de personas toca en sincronía, generando un pulso colectivo que invita al movimiento y la celebración.
El taller de elaboración de vestuarios tradicionales ha atraído especialmente a mujeres adultas y adultas mayores que ven en esta actividad una oportunidad de recuperar saberes tradicionales de costura, bordado y diseño textil que en muchos casos aprendieron de sus madres o abuelas pero que habían dejado de practicar. Bajo la guía de modistas expertas en trajes folclóricos, las participantes están aprendiendo a confeccionar polleras coloridas, faldas de lentejuelas, tocados de flores y otros elementos característicos de los vestuarios carnavaleros, utilizando técnicas artesanales transmitidas de generación en generación.
Uno de los aspectos más valiosos de la Academia es su enfoque profundamente incluyente. A diferencia de muchas escuelas artísticas que establecen barreras económicas, requisitos de habilidades previas o límites de edad, la Academia del Carnaval está abierta a todas las personas sin discriminación alguna. Esta apertura responde a la convicción de que la cultura y el arte no son privilegios reservados para élites ni exclusivos de personas con «talento innato», sino derechos universales y capacidades humanas fundamentales que todas las personas poseen y pueden desarrollar si cuentan con oportunidades, acompañamiento y espacios seguros de aprendizaje.
La respuesta de las comunidades de Bogotá y municipios de Cundinamarca como Soacha, Funza, Mosquera, Chía, Cajicá, Zipaquirá y Facatativá ha sido extraordinariamente positiva. Cientos de personas de todas las edades —desde niños de cinco años hasta adultos mayores de setenta— han visitado la Academia durante estos dos días, mostrando enorme entusiasmo por participar en esta aventura cultural. Muchos expresan que el Carnaval de Bogotá y su Academia representan una oportunidad invaluable para reconectar con tradiciones que parecían perdidas en el ritmo acelerado y deshumanizado de la vida urbana moderna.
Los organizadores han anunciado que la Academia mantendrá un calendario continuo de talleres y actividades durante los próximos tres meses, intensificando la formación a medida que se acerque la fecha del Gran Carnaval de Bogotá en abril. El objetivo es que para ese momento, la ciudad cuente con cientos de bailarines, músicos, artesanos y artistas callejeros preparados para protagonizar desfiles, comparsas, presentaciones y expresiones culturales que transformen las calles de la capital en un escenario vibrante de color, música, alegría y celebración colectiva.



