El viernes 16 de enero de 2026 falleció en Manizales el maestro Guillermo Rendón García, compositor, director de orquesta, docente e investigador. Tenía 90 años y deja un legado invaluable para la música y el pensamiento crítico en Colombia. Su obra se caracterizó por integrar arte, ciencia y memoria cultural, convirtiéndose en una referencia única en el país.
Formación y primeros pasos
Nacido en Manizales el 25 de marzo de 1935, aprendió a tocar guitarra gracias a su padre. Posteriormente ingresó al Conservatorio de Música de la Universidad de Caldas, donde obtuvo el título de Licenciado en Música. Su búsqueda de conocimiento lo llevó a estudiar en Argentina, Brasil y Alemania, donde alcanzó un doctorado en Ciencias Etnográficas en la Universidad Humboldt de Berlín en 1971.
Una obra que trasciende
Rendón acumuló más de 100 composiciones musicales y cerca de 25 libros dedicados a la música, el arte y la cultura indígena. Entre sus obras destacan El Ciclo del Exilio (1985), Pentamorfosis en marrón y argenta, Jardín de los dioses y su Sonata para violín y piano, con recitativo en quechua. Su producción artística reflejó siempre un compromiso con la identidad cultural y la transformación social.
Labor académica y científica
Además de su faceta como compositor, desarrolló una amplia labor docente en instituciones colombianas y extranjeras. Sus investigaciones etnográficas y etnomusicológicas lo llevaron a explorar la relación entre música y cultura ancestral. Junto a su esposa, Anielka Gelemur, contribuyó a la formación de una de las colecciones de arte rupestre más importantes del mundo.
Reconocimiento internacional
Rendón fue director invitado de orquestas en Colombia y en países como Alemania, Suiza y Checoslovaquia. También participó en la Orquesta Sinfónica de Colombia y en la Orquesta de Cámara de Caldas, consolidando su prestigio en escenarios nacionales e internacionales.
Un legado vivo
Colombia despide a una mente polifacética que vinculó con profundidad el arte y la ciencia. Sus palabras, “llevo en mi obra marcas indelebles de mi entorno, mi familia, mis viajes, mi formación y mi concepción del mundo y de la vida”, resumen la esencia de un creador que convirtió la música en un puente hacia la reflexión crítica y la memoria de los pueblos.




