Moscú ordena la salida de un diplomático británico acusado de actividades de espionaje

El Gobierno ruso anunció este miércoles la expulsión de un diplomático del Reino Unido, al que acusa de trabajar para los servicios de inteligencia británicos, en un nuevo episodio de fricciones entre Moscú y Occidente en el contexto de la guerra en Ucrania.

El Ministerio de Exteriores de Rusia informó en un comunicado que la encargada de negocios británica en Moscú, Danae Dholakia, fue citada a primera hora para notificarle la retirada de la acreditación de un empleado de la embajada. Según la diplomacia rusa, la decisión se basa en información que demostraría la vinculación del funcionario con los servicios secretos de su país.

Las autoridades indicaron que el diplomático dispone de un plazo de dos semanas para abandonar territorio ruso. El Servicio Federal de Seguridad (FSB), heredero principal del antiguo KGB, aseguró que el afectado operaba de manera encubierta para la inteligencia británica.

De acuerdo con el FSB, se trata de Gareth Samuel Davies, quien habría sido destinado a Rusia bajo la cobertura de segundo secretario de la embajada del Reino Unido. Moscú reiteró que no permitirá la presencia en su territorio de agentes de inteligencia que no hayan sido declarados como tales y advirtió que responderá de forma “simétrica y contundente” si Londres decide escalar el conflicto diplomático.

La comparecencia de Dholakia en la sede del Ministerio de Exteriores ruso no pasó desapercibida. Cerca de una veintena de periodistas aguardaban su llegada, según imágenes difundidas por la propia diplomacia rusa. La representante británica permaneció unos 15 minutos en el edificio antes de retirarse, de acuerdo con agencias locales.

Las relaciones entre Rusia y el Reino Unido atraviesan uno de sus momentos más delicados en décadas, una situación que ya era tensa incluso antes del inicio de la ofensiva rusa a gran escala en Ucrania. Las acusaciones mutuas de espionaje han marcado durante años los vínculos entre ambos países.

Entre los antecedentes más graves figura el asesinato en 2006 en Londres del exespía ruso Alexander Litvinenko, envenenado con polonio, un crimen que las autoridades británicas atribuyeron a los servicios secretos rusos. Más tarde, en 2018, el Reino Unido denunció el envenenamiento del exagente doble Serguéi Skripal y de su hija con el agente nervioso Novichok en la ciudad de Salisbury.

Ese ataque derivó en la muerte de una ciudadana británica que entró en contacto con el frasco utilizado para transportar el veneno y desencadenó la mayor expulsión coordinada de diplomáticos rusos por parte de países occidentales en décadas, bajo acusaciones de espionaje.

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