La reciente reconciliación diplomática entre el presidente colombiano Gustavo Petro y su homólogo estadounidense Donald Trump alteró de forma inesperada el tablero político de cara a las elecciones presidenciales en Colombia, dejando a los sectores de derecha sin uno de sus principales ejes de confrontación: el manejo de la relación con Estados Unidos.
Durante los primeros días de la semana, la oposición había encontrado en la escalada verbal entre ambos mandatarios una oportunidad para cuestionar el liderazgo internacional de Petro, al que acusaban de imprudente y beligerante. Las advertencias de Trump sobre una posible intervención militar, sumadas a los mensajes del presidente colombiano en redes sociales con un marcado tono antiimperialista, reforzaban el discurso opositor de que el país estaba siendo conducido hacia una crisis diplomática sin precedentes.
Sin embargo, ese panorama cambió de forma abrupta tras la llamada telefónica sostenida el miércoles entre Petro y Trump, en la que ambos mandatarios acordaron bajar el tono, restablecer canales diplomáticos y avanzar en una agenda conjunta. El gesto, que incluyó una invitación oficial a Petro a la Casa Blanca, debilitó el principal argumento de campaña de varios aspirantes de derecha, quienes insistían en que el Gobierno debía privilegiar el diálogo y la diplomacia.
El propio presidente reconoció el giro en su estrategia pocas horas después de la conversación. “Hoy traía un discurso y tengo que dar otro”, afirmó ante sus seguidores en la Plaza de Bolívar, admitiendo que el contacto directo con Trump obligó a moderar el mensaje. Desde la oposición, incluso figuras críticas como Paloma Valencia, candidata del uribismo, celebraron públicamente el restablecimiento de las relaciones por la vía diplomática.
No obstante, el impacto político no ha sido uniforme. Analistas consultados coinciden en que, mientras el petrismo cerró filas en torno a la decisión presidencial, la derecha mostró fracturas internas y respuestas contradictorias. Algunos candidatos, como Juan Manuel Galán, optaron por reconocer el acierto del diálogo directo, mientras otros calificaron la llamada como una claudicación ante Washington. Voces más radicales incluso celebraron a Trump como vencedor del pulso diplomático.
Para expertos como Sandra Borda y Max Yuri Gil, este desorden refleja una dificultad histórica de la oposición para construir un proyecto político más allá del anti-petrismo. “Un programa basado únicamente en oponerse al presidente se queda corto cuando el mandatario hace exactamente lo que sus críticos le exigían”, coinciden.
Además, la apuesta por capitalizar una posible intervención extranjera también implicaba riesgos. El reconocimiento de Trump de que sus intereses en Venezuela eran principalmente económicos debilitó la autoridad moral de quienes defendían una postura dura frente al gobierno colombiano y expuso a la derecha a acusaciones de antipatriotismo.
Ante este nuevo escenario, los analistas consideran que la oposición deberá reorientar su discurso hacia temas internos como la seguridad, la crisis fiscal y el sistema de salud, si quiere mantener competitividad electoral. Por ahora, la distensión entre Bogotá y Washington ha dejado claro que la relación con Estados Unidos ya no será, al menos en el corto plazo, el principal campo de batalla de la campaña presidencial.




