En los últimos días se ha desatado un nuevo foco de tensión diplomática entre Dinamarca y Estados Unidos que involucra a uno de los territorios más estratégicos del Ártico: Groenlandia. El origen inmediato de la controversia fue una publicación en redes sociales realizada por Katie Miller, esposa de Stephen Miller, uno de los principales asesores del presidente estadounidense Donald Trump, en la que compartió un mapa de Groenlandia con los colores de la bandera de EE. UU., acompañado de la palabra “SOON” (pronto).
La imagen —vista por políticos y analistas como una insinuación alusiva al interés estadounidense por el control de la isla— provocó una respuesta diplomática inmediata desde Copenhague. El embajador de Dinamarca en Washington, Jesper Moeller Soerensen, emitió un comunicado recordando la relación de alianza entre ambos países y subrayando que “se espera pleno respeto por la integridad territorial del Reino de Dinamarca”, del cual Groenlandia forma parte.
Por qué es polémico el mensaje
Groenlandia es un vasto territorio autónomo que forma parte del Reino de Dinamarca y posee un alto grado de autogobierno desde 1979. Aunque su población es pequeña (alrededor de 57 000 habitantes), su ubicación geoestratégica, rica en minerales y cercana a rutas clave del Ártico, la convierte en un punto de interés para potencias globales.
El mensaje de Miller se produjo apenas horas después de una incursión militar estadounidense en Venezuela, en la que fuerzas de EE. UU. capturaron al presidente Nicolás Maduro, un hecho que encendió aún más las alarmas internacionales sobre la política exterior estadounidense. Analistas interpretaron la publicación como un gesto simbólico, que intensifica la sensación de que Washington podría estar poniendo como objetivo futuros movimientos geopolíticos fuera de su territorio continental.
Respuesta oficial desde Dinamarca
La reacción danesa fue rápida y clara. Además de las declaraciones del embajador, desde el gobierno danés y el gobierno de Groenlandia se enfatizó que no existe discusión alguna sobre la venta o traspaso de soberanía de Groenlandia a los Estados Unidos. En las últimas semanas, tanto la primera ministra Mette Frederiksen como el primer ministro groenlandés Jens-Frederik Nielsen reafirmaron que el futuro de Groenlandia será decidido por sus habitantes y que la alianza con EE. UU. no significa perder soberanía.
Frederiksen llegó a advertir directamente a Trump, señalando que Estados Unidos no tiene derecho a anexar territorios de un país aliado y recordando que las fronteras y la soberanía son principios básicos del derecho internacional.
El trasfondo de la disputa
El interés estadounidense en Groenlandia no es nuevo. A finales de 2019, durante su primer mandato, Donald Trump también generó polémica al sugerir públicamente la compra de Groenlandia, comentario que fue rechazado de inmediato por las autoridades danesas. Más recientemente, el gobierno de Trump designó un enviado especial para Groenlandia, un movimiento que Dinamarca calificó como una escalada innecesaria y que provocó la convocatoria de su embajador estadounidense para consultas formales.
Este episodio —sumado a la publicación de Miller— ha dado lugar a un debate más amplio sobre la seguridad en el Ártico, las relaciones transatlánticas y la forma en que las potencias manejan su influencia en territorios estratégicos. Aunque Dinamarca y Estados Unidos son aliados dentro de la OTAN, la crisis actual pone de manifiesto que incluso entre aliados pueden surgir tensiones profundas cuando se perciben amenazas a la soberanía nacional.

