El cuerpo como territorio político en el arte contemporáneo

El cuerpo ha dejado de ser solo un tema para convertirse en un campo de batalla simbólico. En el arte contemporáneo, el cuerpo aparece como territorio donde se inscriben normas, violencias, deseos y resistencias.

Performance, videoarte y fotografía utilizan el cuerpo del artista —o de otros— como material principal. No es representación: es presencia. El cuerpo habla desde su vulnerabilidad, exponiéndose a la mirada pública.

Este uso del cuerpo cuestiona ideales impuestos: belleza, género, productividad, salud. Al mostrar cuerpos no normativos, cansados, intervenidos o en transformación, el arte rompe con imaginarios hegemónicos.

El cuerpo también es archivo. Cicatrices, gestos, posturas contienen historias personales y colectivas. Al exhibirlas, el artista convierte lo íntimo en político, lo privado en discusión pública.

Además, el cuerpo es límite. Se cansa, envejece, duele. Frente a una cultura que promete optimización constante, el arte corporal recuerda que somos finitos. Esa finitud no es debilidad, es condición.

En tiempos donde el cuerpo es regulado, vigilado y explotado, el arte que lo pone en primer plano reclama autonomía. No ofrece soluciones, pero sí visibilidad. Y a veces, ser visto ya es una forma de resistencia.