Hoy, en todo el país, se rinde homenaje a los ingenieros de sistemas, una profesión que rara vez aparece en los titulares, pero que sostiene silenciosamente la vida moderna. En un mundo donde cada minuto depende de una red, un servidor o una línea de código, estos profesionales se han convertido en los guardianes del progreso, los artesanos del futuro y los estrategas invisibles que mantienen de pie el entramado digital que conecta al planeta.
La fecha —celebrada el último viernes de noviembre— adquiere especial relevancia en una era marcada por la inteligencia artificial, el auge del big data y la expansión imparable de los servicios digitales. Los ingenieros de sistemas no solo construyen programas: diseñan estructuras complejas, resuelven crisis en tiempo récord y anticipan amenazas que la mayoría ni siquiera sabe que existen.
Desde centros de datos que nunca pueden detenerse, hasta plataformas que permiten estudiar, trabajar, pagar, comunicarse y salvar vidas, el trabajo de estos profesionales se refleja en cada aspecto de la cotidianidad.
“Un mundo sin ingenieros de sistemas sería un mundo detenido. Ellos no solo innovan: protegen, optimizan y dan forma a la tecnología que usamos sin pensar”, expresó un analista de tecnologías emergentes.
A lo largo del día, universidades, empresas tecnológicas y entidades públicas realizan ponencias, reconocimientos y muestras de innovación que subrayan el valor humano detrás de la ingeniería. Se destacan historias de estudiantes que transformaron ideas en soluciones reales, de profesionales que enfrentaron ciberataques masivos para defender sistemas críticos y de equipos que trabajan día y noche para mantener viva la conectividad que sostiene a millones de usuarios.
En un escenario global donde la demanda por talento tecnológico crece sin pausa, esta celebración también recuerda la urgencia de impulsar la formación en áreas STEM y de abrir más espacios para mujeres y jóvenes que desean construir carreras en el universo digital.

Hoy, más que una profesión, se reconoce una vocación: la de quienes convierten la tecnología en un puente, no en una barrera; en una herramienta para avanzar, no para retroceder.
Un aplauso silencioso —pero inmenso— para los ingenieros de sistemas: los héroes invisibles que hacen posible que el mundo de hoy funcione y que el de mañana exista.

