En una operación articulada desarrollada en Chía (Cundinamarca), Cali (Valle del Cauca) y Pasto (Nariño), la Policía logró la captura de tres integrantes y la imputación de un cuarto miembro del componente armado del Grupo Armado Organizado Autodefensas Unidas de Nariño, representando un avance significativo en la lucha contra las estructuras criminales que afectan la seguridad del departamento.
La intervención se logró gracias a labores de inteligencia e investigación criminal que incorporaron fuentes humanas, métodos especializados de verificación, cartografía delictiva, reconocimiento territorial y seguimiento detallado de los movimientos de los señalados, lo que permitió recopilar evidencia determinante para su judicialización.
Los procedimientos llevaron a la captura de alias ‘Jhon MT’ o ‘Chacal’, presunto cabecilla de comisión e investigado por su presunta participación en el homicidio colectivo de Bayardo Melo, Johan Cortés y la líder social Yolanda Benavides en Linares; alias ‘Paisa’ o ‘Saller’, presunto cabecilla de escuadra vinculado a homicidios selectivos, secuestros, extorsiones y cobro de gramaje en La Llanada y Sotomayor; y alias ‘Julito’, presunto integrante de escuadra y ejecutor de homicidios selectivos y actividades extorsivas en Linares y Sotomayor.
De igual manera, se logró la imputación de alias ‘Ferrer’, quien presuntamente comandaba un grupo de 10 hombres y sostenía confrontaciones con otra estructura criminal en zona rural de Sotomayor. Durante el operativo se incautaron tres equipos celulares utilizados para coordinar actividades delictivas.
Según la investigación, los capturados tendrían una trayectoria aproximada de tres años vinculados a homicidios selectivos, extorsiones, secuestros, cobro ilegal de gramaje, confrontaciones armadas, desplazamientos forzados, control de zonas rurales y actividades relacionadas con el narcotráfico. Su presencia delictiva se extendía por Puerres, Córdoba, La Llanada, Sotomayor, Samaniego y Linares, afectando gravemente a comunidades rurales y campesinas.
Uno de los hallazgos más relevantes señala que esta estructura ejercía mecanismos de adoctrinamiento e instrumentalización de jóvenes, especialmente de zonas rurales, para integrarlos a sus filas. Los reclutaban mediante manipulación ideológica, presiones y ofertas económicas, asignándoles funciones de vigilancia, apoyo logístico y participación directa en actividades criminales. Este fenómeno aumentaba la capacidad operativa del grupo y profundizaba el riesgo para la población juvenil.
El coronel John Jairo Urrea, comandante del departamento de Policía Nariño indicó, “paralelamente, se estableció que estos individuos estaban implicados en el sacrificio ilegal de ganado perteneciente a familias campesinas, práctica con la que abastecían a sus unidades y generaban pérdidas económicas significativas para los habitantes, además de ser utilizada como una forma de intimidación y control territorial”.

