La población mundial de osos polares enfrenta una caída alarmante, y los efectos se extienden mucho más allá de estos emblemáticos animales del Ártico. Un estudio reciente publicado en la revista científica Oikos advierte que los osos polares no solo son depredadores: al cazar focas y dejar parte de sus presas sin consumir, proporcionan cada año aproximadamente 7,6 millones de kilogramos de restos que se transforman en alimento esencial para al menos once especies de carroñeros del Ártico: zorros árticos, cuervos, gaviotas, entre otros.
Este servicio ecológico —alimentar a toda una red de fauna cuando escasean otros recursos— está en riesgo por la disminución del hielo marino, provocada por el calentamiento global. Sin hielo, los osos pierden su plataforma de caza: no encuentran focas, pasan más tiempo en tierra, su balance energético se desequilibra y su capacidad de reproducirse y sobrevivir se reduce drásticamente. En algunas regiones, la población ha bajado hasta un 50 % durante las últimas décadas.
El declive de los osos polares implica un efecto dominó: sin su “aporte alimenticio”, los carroñeros árticos podrían enfrentar hambruna, provocando un colapso en cadenas ecológicas que dependen de esos recursos marinos trasladados a tierra.
El estudio subraya que proteger a los osos polares no es solo una causa emblemática para la conservación de una especie carismática —es también una estrategia clave para salvaguardar la biodiversidad del Ártico. En un contexto de cambio climático acelerado, la urgencia de reducir emisiones y preservar el hielo marino se convierte en prioridad si queremos evitar un desequilibrio ecológico de consecuencias impredecibles.

