ESPERANZA

Por: Mauricio Fernando Muñoz Mazuera

La semana pasada el país fue testigo de las honras fúnebres del precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay, y en medio del barullo que este hecho creo en la sociedad, sin querer, me detuve en una imagen que me dejó un montón de dudas. Un hombre, con un rosario en el cuello sostenía una pancarta que decía “Acabaron con nuestra esperanza”. Esta frase me causa gran curiosidad pues asumo que, esta persona al portar el rosario, se identifica con las creencias católicas, y si es así, no puedo decir más que, como afirmaba Juan Pablo II, “Católico ignorante, seguro protestante”.

Que un seguidor de Cristo sustituya a Éste por una figura mortal, es una muestra total de ignorancia, y esta sustitución radica en que todo cristiano católico profesa que la única esperanza es el mismo Cristo, aquel que murió en la cruz y que los católicos portamos con humildad en señal de lo que somos y lo que creemos. Decir que un simple mortal representa la esperanza, es echar por la borda siglos y siglos de evangelización, formación y magisterio; y más allá, en medio de la condición herética de muchos de los seguidores del político fallecido, es una muestra inequívoca que nuestra iglesia está enferma por el sectarismo y grupismo que en ella se han enquistado, todo esto propiciado, en algunos casos, por los mismos altos jerarcas.

O ¿Cómo podemos entender que en medio de una eucaristía, el pulpito sea usado para botar veneno a diestra y siniestra? Tengamos en cuenta que quien presidio la eucaristía fue nada más y nada menos que el mismísimo cardenal primado de Colombia, Monseñor Luis José Rueda Aparicio, quien a pesar de escuchar cómo se incitaba al odio y a la venganza desde el espacio sagrado, solo atino a cerrar los ojos, no sabemos si asintiendo o reprochando, aunque esta actitud para mí de reproche, no tiene nada.

Durante estos días escuchaba una reflexión en donde un sacerdote afirmaba que la Teología de la liberación en América Latina causó un gran daño a la sociedad, pues estigmatizó a los ricos, pues ponía en consideración aquella frase de Jesús “Es más fácil que entre un camello por el ojo de una aguja, que un rico ingrese al reino de los cielos”. Sin embargo para mí, es un total desatino pensar que se buscaba estigmatizar a un grupo social, la teología pretendía poner en conocimiento que los bienes y ubicación social del rico y poderoso, no tienen sentido si no es para ayudar a los demás, así como se hizo en los albores de la iglesia, fortaleciendo a la comunidad naciente, pues se convirtieron en un ejemplo para la sociedad pagana que propendía por el beneficio particular. Sin embargo parece que ahora los papeles se han intercambiado, los altos mandos religiosos comen en la misma mesa de aquel puñado de familias que se han aprovechado de los colombianos de pie para amasar sus fortunas a base de desconocer los derechos de sus trabajadores y desestimar sus reclamos, convirtiéndose con su silencio, en enemigos del pueblo.

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Yo soy cristiano católico, seguidor de aquel que le dijo “raza de víboras” a los que manejaban a su antojo al pueblo, creo en aquel que, sin miedo a lo que podía pasarle, les dijo “sepulcros blanqueados” a aquellos personajes que manejaban el poder desde su rancio abolengo, mi fe está en aquel que se metió en la boca del lobo para demostrar que las leyes que tanto defendían los poderosos, no era otra cosa que una forma soterrada de esclavizar al pueblo. Mi iglesia no es la que calla ante el dolor, se hace la de la vista gorda ante el sufrimiento o se alía con aquel que siembra odio y muerte. El que tenga oídos…