Pekín incrementó este martes 25 de noviembre de 2025 sus críticas al Gobierno japonés, al que acusa de no abordar de forma clara la reciente escalada diplomática generada por las declaraciones de la primera ministra Sanae Takaichi sobre una posible intervención de Japón en un conflicto en el estrecho de Taiwán. Según China, Tokio estaría intentando esquivar la petición formal de retirar esas afirmaciones.
Durante una conferencia de prensa, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino, Mao Ning, afirmó que Japón continúa repitiendo que “no ha modificado su postura”, pero evita responder a la solicitud central de Pekín: una aclaración exhaustiva y la retractación de lo que considera “comentarios erróneos”. Para Mao, esta actitud “hace surgir dudas en la comunidad internacional sobre la voluntad de Japón de reconocer y corregir sus errores”.
La portavoz sostuvo que las palabras de Takaichi han provocado un notable deterioro en la relación bilateral. Las calificó como una ofensa grave para el pueblo chino y aseguró que dañaron de manera significativa el clima de cooperación entre ambas naciones. Pekín exige que Tokio rectifique “de inmediato” y deje de generar tensiones en torno a la cuestión taiwanesa, especialmente tras la declaración de la mandataria japonesa ante el Parlamento, donde apuntó que una crisis en el estrecho podría activar el derecho a la autodefensa colectiva de Japón.
La reacción de China fue rápida y contundente: convocó al embajador japonés, emitió alertas de viaje para sus ciudadanos y endureció el tono en comunicados oficiales y medios estatales. La disputa incluso ha tenido efectos económicos y culturales, con la cancelación masiva de vuelos y el aplazamiento de estrenos de películas japonesas en el país asiático.
Tokio, por su parte, mantiene que su enfoque hacia Taiwán sigue siendo el mismo y que cualquier tensión debe resolverse por vías pacíficas. Pekín, en cambio, insiste en que la isla es una parte indivisible de China y no renuncia al uso de la fuerza para garantizar su control, un punto que vuelve a situar la disputa bilateral en el centro de la geopolítica regional.

