“Trump es ese perro que no ha ladrado”: nuevos correos vincularían al presidente de EE. UU. con el escándalo de Jeffrey Epstein.

na nueva investigación de The New York Times, basada en más de 20.000 páginas de correos electrónicos de Jeffrey Epstein entregados al Congreso de Estados Unidos, reavivó las tensiones políticas en Washington al mostrar que Epstein siguió de cerca la vida de Donald Trump durante al menos una década, aun después del supuesto distanciamiento entre ambos. Los documentos revelan que el financiero acusaba conocer información sensible sobre el entonces empresario y posterior presidente, insinuando incluso tener pruebas de compromisos personales o escándalos potenciales.

Entre los correos más polémicos hay uno enviado a Ghislaine Maxwell en 2011 donde Epstein afirma que “el perro que no ha ladrado es Trump” y sugiere que una de las víctimas habría pasado horas con él sin que su nombre apareciera públicamente. Esta frase, ahora en manos del Congreso, volvió a encender el debate sobre la verdadera naturaleza de la relación entre ambos hombres.

La revisión de los correos muestra que Epstein monitoreó sistemáticamente cada movimiento de Trump entre 2011 y 2019. Revisó sus asuntos financieros, preguntó a abogados por propiedades como Mar-a-Lago, ofreció supuestas fotografías comprometedoras a periodistas y elaboró estrategias narrativas para influir en la opinión pública. Además, envió opiniones sobre la estabilidad emocional del entonces mandatario, afirmando en un correo: “yo soy el único capaz de acabar con él”.

Aunque Trump insiste en que rompió la relación a mediados de los 2000, los documentos sugieren que Epstein mantuvo un interés constante en su figura, usándola para mantener su influencia entre periodistas, asesores y políticos de alto nivel. No se han revelado correos enviados por Trump, pero sí queda claro que muchas figuras poderosas buscaban a Epstein para consultarle sobre él.

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La publicación de estos documentos ha generado una nueva crisis política en Estados Unidos. Trump respondió acusando a los demócratas de usar el “engaño Epstein” para atacarlo, mientras sus seguidores aseguran que existen materiales aún ocultos por el FBI. Sin embargo, el Times aclara que estos correos no son filtraciones partidistas, sino producto de citaciones oficiales del Congreso para esclarecer el alcance de la relación entre ambos y determinar si el Departamento de Justicia retuvo información importante durante el mandato de Trump.

En conclusión, los nuevos correos no prueban delitos concretos, pero sí confirman que Epstein veía a Trump como un elemento central de su red de poder y como una carta que podía usar en momentos críticos. La sombra del financiero vuelve así a extenderse sobre Washington, alimentando preguntas que, más de una década después, siguen sin respuesta.