Don Ernesto Bravo Meneses: el hombre que le puso alma a las baterías

Cuando llegué a hacer la entrevista, no sabía que me esperaba una clase magistral de vida. Me recibió un hombre de ojos verdes, profundos, casi grisáceos, con la calma de quien ha atravesado tormentas y aun así sonríe sin estridencias. Pasaba casi anónimo entre sus trabajadores. Nadie imaginaría que es el fundador de una empresa con más de 400 empleados, 10 agencias a nivel nacional y una visión que ha transformado el desarrollo empresarial del sur de Colombia.

Don Ernesto Bravo Meneses nunca se jacta de sus logros. No le gusta hablar de sí mismo, pero basta con escucharlo cinco minutos para intuir que su camino no ha sido fácil. Tiene esa voz interna serena pero firme que siempre le ha repetido: sí puedes. No llegó hasta aquí por suerte, sino por determinación. Es un hombre hecho a pulso, forjado en la constancia y el compromiso silencioso.

Empezó hace más de 45 años en una pieza de cuatro por cuatro metros, en el barrio San Juan Bosco, reparando baterías. Inventó un sello con cuatro caballos, cada uno representando una ciudad donde soñaba tener una sucursal. Se burlaban de él. Hoy, esas sucursales existen. Y no solo eso: ha construido un imperio con su empresa Battericars, donde se hace de todo para los vehículos.

Vive en su empresa. Llega a las 7 de la mañana y se va a las 9 de la noche. Ha pasado por todo: cierres, crisis económicas, inspecciones de la DIAN, problemas con nóminas, con empleados. Ni para qué entrar en detalles. Pero él sigue ahí. Y no desde una oficina, ni siquiera tiene escritorio propio ni una oficina privada, sino recorriendo cada rincón, sabe exactamente qué sucede en cada área. Y, aún con todo, se detiene a escuchar a sus trabajadores, uno por uno. Es un jefe distinto: de los que creen en dar oportunidades, en enseñar, en confiar.

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Don Ernesto no solo fundó Battericars. También impulsa Energy Store y Tiendas Bevor, donde la mayoría del personal son mujeres. Él habla poco, pero enseña con cada decisión. Y aunque nunca busque reconocimiento, esta crónica existe porque su historia es de las que deben contarse: no por glamorosa, sino por profundamente humana.

Hablar con él fue comprender que no se necesita tenerlo todo para llegar lejos. Solo se necesita la voluntad de seguir, aun cuando todo parezca estar en contra. Y entender, como lo ha hecho él, que las verdaderas empresas no se construyen solo con dinero: se construyen con carácter.