Arnulfo Mina, líder religioso.

Padre Arnulfo Mina, cuatro décadas sembrando paz en el Distrito Especial

El padre Arnulfo Mina Garcés, líder religioso nacido en el Valle del Cauca, pero tumaqueño por adopción, lleva más de cuatro décadas trabajando por la paz en la extensa zona rural y urbana del municipio de Tumaco. Su compromiso con las comunidades más vulnerables lo ha convertido en una de las voces más respetadas de la región.

Su labor pastoral y comunitaria ha sido clave en los procesos de reconciliación y diálogo, incluso en medio de las múltiples dificultades que han marcado los intentos de paz entre los distintos actores del conflicto armado. Con serenidad, fe y un liderazgo profundamente humano, ha logrado tender puentes donde antes solo había divisiones.

Mensaje

Conocido por su cercanía con la gente y su incansable trabajo social, el padre Mina recorre veredas, ríos y barrios llevando un mensaje de esperanza y unidad. “Amo esta tierra, amo su gente. Le estamos apostando a la paz y al bienestar de las comunidades, uno de nuestros grandes anhelos. Trabajamos para que los jóvenes tengan oportunidades y salgan adelante”, expresó el sacerdote.

Además de su misión espiritual, Mina impulsa proyectos educativos y de movilidad que buscan mejorar la calidad de vida de los tumaqueños. Su visión de paz se extiende más allá de los templos: la concibe como un proceso integral que debe reflejarse en la educación, la inclusión y el desarrollo local.

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Entusiasmo

“Seguiremos trabajando inquebrantablemente por la transformación del territorio”, aseguró, reafirmando su compromiso con un Tumaco más justo y solidario. La ciudadanía ha respaldado su entusiasmo, destacando su liderazgo y la gestión social que ha venido realizando desde su llegada a la ciudad costera.

En las calles y comunidades se escucha un sentir común: muchos tumaqueños sueñan con verlo asumir un cargo político, convencidos de que su integridad y vocación de servicio podrían representar con honor al territorio.

El padre Arnulfo Mina es hoy símbolo de una paz que se construye desde el alma, un líder que demuestra que el cambio comienza en la fe, el diálogo y la acción colectiva. Tumaco reconoce en él no solo a un sacerdote, sino a un verdadero constructor de esperanza.