“Danza como herramienta: cómo beneficia a niños y niñas en su desarrollo integral”

En el contexto del Día Mundial de la Danza, es oportuno destacar el rol transformador que el baile y el movimiento pueden tener en los más pequeños. Lejos de ser solo una expresión artística, la danza promueve múltiples beneficios en el crecimiento físico, cognitivo, emocional y social de niños y niñas.

Desde edades tempranas, los bebés ya muestran interés por los estímulos musicales: se mueven al compás, extienden los brazos hacia instrumentos sonoros o manifiestan incomodidad cuando cesa la música. Esa sensibilidad inicial prepara el terreno para que, más adelante, puedan sincronizar el oído con el cuerpo y explorar ritmos, sonidos y movimientos.

En el ámbito educativo —especialmente en jardines infantiles y salas cunas— se utilizan ejercicios de expresión corporal, rondas y danzas adaptadas a cada etapa. Estas prácticas permiten que los niños experimenten con su cuerpo, reconozcan sus posibilidades motrices y se liberen emocionalmente a través del movimiento.

Beneficios destacados

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  • Neurocognitivos: Integrar sonido y movimiento activa diferentes zonas cerebrales, favoreciendo la atención, la memoria y la coordinación entre lo auditivo y lo físico.
  • Físicos: Se fortalecen músculos y huesos, mejora el equilibrio, la agilidad y la capacidad cardiovascular.
  • Emocionales y sociales: A través del baile, los niños expresan sus sentimientos, liberan tensiones y desarrollan confianza. Además, al compartir con sus pares en actividades grupales, fortalecen la socialización, la empatía y el respeto mutuo.
  • Culturales: La danza también abre espacios para explorar ritmos diversos, valorar tradiciones de distintas regiones y ampliar el horizonte estético de los niños.