En tiempos donde la violencia parece reconfigurarse con nuevas máscaras, urge volver la mirada hacia los territorios y preguntarnos desde dónde, cómo y con quién se construye la paz. La Escuela Superior de Administración Pública (ESAP), Territorial Nariño y Alto Putumayo, lo está haciendo. Y lo hace asumiendo una posición valiente y necesaria: la de ser un puente, un mediador entre los saberes académicos y las comunidades.
Consciente de su papel en la formación de líderes, lideresas, la ESAP está apostando por una pedagogía que dialogue con la memoria, la justicia y el deseo profundo de sanar las heridas del conflicto armado. Con este espíritu, el pasado viernes 18 de julio se desarrolló un taller de encuadre y armonización con la JEP, dirigido a docentes y funcionarios de la Escuela, con el objetivo de sembrar una semilla ética: la necesidad de incorporar de forma transversal en las prácticas pedagógicas, temáticas como la justicia transicional, la memoria histórica y la construcción de paz.
Lejos de ser un llamado formal, fue una invitación sentida y urgente a repensar el rol docente. Porque educar para la paz no es sumar una clase extra ni dictar contenidos aislados: es asumir una postura frente a la vida, es comprender que cada palabra, cada silencio, cada actividad en el aula puede ser un acto de reparación o de exclusión. Es reconocer que la paz se teje —como se teje una manta en los páramos andinos— con paciencia, con saberes comunitarios, con historias compartidas, con símbolos que habitan en lo cotidiano.
El enfoque propuesto por la Territorial Nariño y Alto Putumayo no impone, sugiere. No remplaza contenidos, los enriquece. No separa la academia del territorio, los enlaza. En este escenario formativo se planteó una pregunta que debería interpelarnos a todos y todas, pero especialmente a quienes ejercen la docencia:
¿Qué tan responsables somos de transmitir conocimientos que realmente aporten a la construcción de paz?
Interrogarse desde ahí implica abrir espacio a nuevas miradas, a lenguajes distintos, a prácticas que reconozcan que el aula no está desligada de la realidad. Que lo que sucede en el país, en los municipios, en las veredas, tiene eco en nuestras clases. Que hablar de paz es hablar también de dignidad, de derechos humanos, de la posibilidad de un futuro distinto para las nuevas generaciones.
La ESAP, desde su identidad institucional, está caminando hacia ese horizonte. Teje saberes con y desde los territorios, reconociendo la importancia de escuchar a las comunidades no como beneficiarias, sino como protagonistas. Enlaza propósitos, intenciones, voces.
Porque la paz, como bien lo sabemos desde este sur, también se construye en cada conversación, en cada clase, en cada vínculo que cuidamos. Así, tejiendo saberes y enlazando territorios, se siembra el porvenir”. (Docente ESAP MG Yudy Meza Zambrano).

