Durante los próximos meses, la ciudad de Pasto enfrentará uno de sus mayores desafíos en materia de movilidad y seguridad vial. La decisión del Instituto Nacional de Vías (INVIAS) de cerrar temporalmente la Variante Oriental por mantenimiento del TÚNEL DE DAZA, hasta noviembre, implica que todo el tráfico pesado, intermunicipal e interdepartamental se verá obligado a transitar por el corazón urbano de la capital nariñense. Este hecho, lejos de ser un inconveniente menor, representa una situación crítica que exige acciones inmediatas, coordinación institucional y responsabilidad compartida.
Actualmente, la Avenida Panamericana —eje central de este flujo vehicular— atraviesa barrios residenciales, instituciones educativas, zonas comerciales y espacios de alta concentración peatonal. Su diseño no fue pensado para soportar el volumen de transporte pesado que ahora deberá absorber durante al menos cuatro o cinco meses. Aunque existen decretos municipales que restringen el paso de ciertos vehículos, la realidad productiva y logística del suroccidente colombiano obliga a que estos sigan circulando. La parálisis del transporte no es una opción viable para el comercio, la industria ni el abastecimiento de bienes esenciales.
Este escenario plantea dos grandes preocupaciones. En primer lugar, la seguridad vial. Pasto ya enfrenta cifras preocupantes en siniestralidad de tránsito. Añadir miles de vehículos pesados a una vía urbana con cruces peatonales, escuelas, colegios, centros comerciales y alta densidad poblacional incrementa exponencialmente el riesgo de accidentes. Es imperativo que el Ministerio de Transporte, la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), INVIAS y la Alcaldía de Pasto diseñen un plan integral de control, con presencia reforzada de la Policía de Tránsito, señalización temporal, horarios escalonados para el transporte pesado y campañas de concientización. No se trata solo de multar, sino de prevenir.
En segundo lugar, está el estado de la infraestructura vial. La carpeta asfáltica de la Panamericana en su tramo urbano no recibe una adecuación profunda desde hace más de 16 años. El paso intensivo de tractomulas, buses y vehículos de carga en las próximas semanas acelerará su deterioro, generando baches, pérdida de adherencia y condiciones peligrosas para todos los usuarios. Aquí, INVIAS debe asumir su responsabilidad: no basta con cerrar una variante; debe garantizar que, al final del mantenimiento, se invierta en la recuperación inmediata de la vía principal. El municipio debe exigir, con firmeza, un plan de reposición asfáltica como condición previa al cierre prolongado de la variante.
Más allá de lo técnico, este episodio revela una debilidad estructural: la falta de una política vial regional que considere el impacto urbano del tránsito nacional. Pasto no puede seguir siendo un corredor obligado sin recibir los recursos y el soporte técnico necesarios para manejarlo con seguridad. Así que es hora de que todos estemos atentos a este tema que no es menor y no poner en riesgo a una gran cantidad de habitantes de la ciudad de Pasto.
Por: Javier Recalde Martínez.

