Las mezquindades contra Miguel Uribe

Por: Juan Manuel Ballesteros

Ese sábado 7 de junio, Miguel Uribe hablaba sobre dos temas puntuales ante un grupo de vecinos en el occidente de Bogotá: el bienestar de las personas en situación de discapacidad y los problemas de salud mental que afronta el país. Entonces, justo en aquel momento, un niño de 14 años, instrumentalizado por un puñado de asesinos miserables, lo encañonó y le disparó a matar. Dos tiros le impactaron en el cráneo. La historia es la que todos conocemos.

Aclaro, nunca he sido simpatizante de Miguel Uribe, pero el drama me devolvió a la fuerza al periodismo, oficio con el que sostengo una relación de amor – odio, porque, créame, estimado lector, hay formas mucho más fáciles de ganarse la vida.

Al día siguiente del cobarde atentado, contra todo clamor, quienes se llenan la boca hablando de la “política del amor”, no tuvieron la menor vergüenza para proseguir con un multitudinario (y multimillonario) concierto en plena Plaza de Bolívar de Bogotá, como si hubiese algo que celebrar. Un repudiable acto de indolencia.

He ahí una de las tantas mezquindades contra Miguel Uribe, pero antes hubo otras más, como la negativa de la Unidad Nacional de “Protección”, en cabeza de Augusto Rodríguez, para proveerle la seguridad suficiente.

La larga serie de vilezas no terminaron allí. Las vemos a diario, como en los comentarios de personas carcomidas por el odio que se deleitan con la idea de que esta novela termine mal. También la de quienes tienen la perversidad de cuestionar la fiabilidad de la institución y los médicos que hacen todo lo posible por sanarlo.

En otro círculo del infierno han de caer aquellos “humoristas” que se burlan y hasta cuestionan la gravedad del estado de salud de Miguel, y más en el fondo del averno quienes impulsan la nefasta reforma a la salud, cuestionando con memes que haya recibido “muchas cirugías”, mientras, dicen, al pueblo no le dan ni una acetaminofén.

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Todo esto es asqueante, pero hemos perdido de vista algo clave: mientras Miguel Uribe avanza en su recuperación, surge otra mezquindad, la de aquellos que pretenden erigirlo a la fuerza (o a la mala) en el próximo presidente colombiano, aún sin saber cuáles serán las secuelas con las que pueda quedar o si él se decida, en caso de recuperarse por completo como queremos todos, resguardarse en el seno de su hogar, lejos de la política colombiana, ensangrentada y repleta de estiércol.

Esta última, es una mezquindad en la que muchos tendemos a caer.

Es insano que los colombianos cifremos todas nuestras esperanzas en la recuperación de Miguel Uribe en aras de construir un mejor país, eso también es indolencia. Tampoco está bien instrumentalizar su memoria, quizás de la misma forma en que aquellos siniestros manipularon al niño sicario. Colombia debe constituirse en torno a un proyecto de nación serio y consistente, fundamentado en la unión de todas las fuerzas contra la violencia, no en una sola figura política.

Ya sabemos qué pasa aquí con los mesías.