
Un equipo internacional de científicos diseñó la primera lengua artificial basada en óxido de grafeno, capaz de detectar sabores básicos —dulce, salado, ácido, amargo y umami— y, lo más loco, aprender patrones de sabor como lo haría un cerebro humano.
¿Cómo funciona?
- Está hecha de una fina membrana con sensores de grafeno, un material súper conductor y sensible.
- Cuando entra en contacto con líquidos, reacciona a los iones presentes (que definen el sabor).
- Luego, un sistema de inteligencia artificial interpreta esas señales y “aprende” a distinguir sabores cada vez con mayor precisión.
¿Para qué sirve?
- Seguridad alimentaria: detectar si un alimento está contaminado o en mal estado sin necesidad de probarlo.
- Industria gastronómica: estandarizar recetas y asegurar que los productos siempre sepan igual.
- Medicina: ayudar a personas que perdieron el sentido del gusto, dándoles una interfaz que “traduce” sabores en estímulos alternativos.
- Robótica: sí, un robot que pueda “probar” su comida o analizar el entorno a través del gusto.
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Lo que dicen los científicos
Uno de los investigadores explicó que el sistema no solo distingue sabores, sino que también puede recordar combinaciones complejas, lo que abre la puerta a identificar vinos, cafés o especias con la misma fineza que un catador profesional.
El lado curioso
Las redes ya reaccionan: algunos celebran que podría ser un paso hacia robots chefs con paladar Michelin, mientras otros bromean con que ahora hasta las máquinas van a criticar la sazón de la abuela.
